Durante dos años, 60 arqueólogos y 130 trabajadores de campo recuperaron 20 toneladas de vestigios arqueológicos ubicados en cercanías del Salto del Tequendama, lugar en donde se ubicará una subestación del gran proyecto energético Nueva Esperanza. Se espera que este año los investigadores entreguen los resultados de sus estudios.


Este hallazgo, realizado con el liderazgo de la firma consultora Ingetec S.A. y EPM, ya es considerado como uno de los más importantes en Colombia, tanto por el tipo de huellas de asentamiento encontradas como por el área en la que se realizó el rescate a cielo abierto, que ocupó una extensión de 4.8 hectáreas, lo cual no tiene precedentes en el país.

John Alexander González Larrota, Arqueólogo responsable de la licencia otorgada por el ICANH para este rescate, explicó que “la relevancia de este hallazgo reside en la información allí contenida sobre las pautas de asentamiento, el desarrollo arquitectónico y agrícola de las sociedades que habitaron el altiplano central colombiano, y en general sobre aspectos demográficos en tiempos prehispánicos. Se extrajeron aproximadamente 20 toneladas de material arqueológico, de las cuales el 10 % son piezas completas que pueden exhibirse en museos, mientras que el restante 90% será utilizado para actividades de investigación científica”.

González, quien participó en los estudios de prospección arqueológica previos a la construcción de la obra de EPM, recuerda claramente esas primeras visitas: “Era una planicie de casi cinco hectáreas, que entonces estaba cultivada, y aun así a simple vista se veían trozos de cerámica. La ubicación, los fragmentos y la forma de la terraza nos llevaron a pensar en un contexto de vivienda o funerario”.

Las primeras excavaciones les confirmaron el potencial de la zona y fueron la base del plan de manejo arqueológico que se desarrolló. Luego de meses de sondeos encontraron huellas de estructuras de gran tamaño.

“Eso marcó la diferencia, pues no lo esperábamos. Excavamos más amplia y detalladamente y detectamos tumbas, huellas de postes y, luego, los vestigios de una estructura rectangular de 9 metros por 12… Meses después encontramos otra de 24 metros por 12”, dice emocionado.

Los estudios hechos los llevaron pronto a concluir que no solo el terreno intervenido (de 4,8 hectáreas y donde estará la subcentral), sino el que lo rodea está lleno de rasgos arqueológicos, entre los que hay estructuras, tumbas y depósitos de arcilla y cerámica.

Aunque solo se hizo rescate en la zona de trabajos de EPM (el resto se explorará más adelante), se recuperaron, durante dos años de trabajo, 20 toneladas de material arqueológico, cerca de 30.000 fragmentos de cerámica y 139 piezas intactas, se exploraron mil tumbas y se recuperaron restos óseos de 800 individuos, así como de animales y vegetales de esas épocas.

“Fue una labor impresionante, en la que participaron 60 arqueólogos y 130 trabajadores de campo, algo inusual en Colombia”, afirma.

Los análisis de lo recuperado están en marcha y se espera que este año los grupos conformados para llevarlos a cabo aporten datos sobre la vida, la dieta y la salud de los muiscas (bioarqueología), sus estructuras complejas, sus unidades domésticas, la ecología cultural (Nueva Esperanza en relación con el entorno), geoarqueología (suelos), semillas y restos óseos de animales, sus comunidades, los volantes de huso (usados para fabricar telas) y artefactos de piedra (líticos) y cerámicos.

Sonia Santamaría