Sin importar el lugar, la hora, el día o la persona, los delincuentes que operan en Soacha cumplen su acometido y ante el impotente actuar de las autoridades, roban, atracan y asaltan sin medir consecuencias ni pensar si están en la misma cuadra de la estación de policía, la URI o de cualquier sede gubernamental.


Esta semana ocurrieron dos ejemplos concretos de la realidad de Soacha, un par de hechos de los tantos que acurren a lo largo y ancho de la ciudad, los mismos que quedan impunes y aquellos de los cuales las autoridades no se percatan.

Ayer en la mañana, el director del Instituto Municipal de Deportes, Licenciado Luis Eduardo Chávez, fue atracado por la carrera séptima a escasas dos cuadras del parque principal.

El concejal del Movimiento Político Mira, Diógenes Escalante, fue asaltado el pasado lunes cuando caminaba hacía su vivienda al lado de su esposa, por dos jóvenes que se movilizaban en motocicleta y que portaban un arma de fuego.

Hace alrededor de dos meses, la víctima fue el concejal Héctor Cuesta, quien fue atracado y despojado de sus pertenencias en el barrio Tequendama, también por dos jóvenes que portaban arma de fuego y arma blanca, y que se desplazaban en una motocicleta.

“Yo bajé por la calle 13 a eso de la 1 pm, pasé Bancolombia y giré por la novena. Vi dos muchachos en una moto y pensé que eran conocidos, pero no. Bajé por la 14 a coger la décima en el barrio Tequendama, cuando de repente aparecieron de nuevo, venían del lado del hospital y me asusté porque uno se bajó y se me vino encima con un cuchillo, el que iba manejando tenía un revólver. Uno de los atracadores me puso el cuchillo en el corazón, me quitó la Blackberry, el anillo que portaba desde hace 20 años y 80 mil pesos en efectivo”, narró el concejal Cuesta.

Y como los anteriores, se podría reseñar cientos de robos, asaltos y raponazos como los atracos al restaurante Guaraní, a la Pastelería Fanty Tortas y a los locales comerciales aledaños a la plaza de mercado, y otros que diariamente pasan desapercibidos en una ciudad que está en total desamparo por parte de las autoridades. “Aquí no hay Dios ni Ley, porque la Policía no sirve para nada, el alcalde menos, los uniformados nunca aparecen, como quien dice, estamos a merced de la delincuencia”, agregó un transeúnte del centro de la ciudad.

Lo del ‘padrino’ es una función ficticia

Dentro del esquema de seguridad que tienen los concejales, la policía asignó un agente para cada uno. Sin embrago, la mayor parte de cabildantes aseguran que el denominado padrino no sirve para nada.

“Parece que sólo a cinco o seis concejales les ha servido, los demás estamos desprotegidos, lo que significa que es una función muy ficticia, me duele decirlo pero es así. Hay que hacer un llamado al comandante del Distrito de Soacha para que tenga más conciencia y analice lo que puede suceder con la vida de nosotros”, sostuvo el concejal Héctor Cuesta.

La misma percepción tiene el concejal Diógenes Escalante, al asegurar que el agente que le fue asignado hace más de tres meses que no aparece. Pero más grave aun cuando afirma que le comunicó al coronel Murillo y que hasta el momento todo sigue igual.

Ante los delicados hechos, algunos concejales hicieron un llamado a la Policía, a la administración y a todos los ciudadanos del municipio para que se haga un frente común con el fin de enfrentar a la delincuencia e implementar una estrategia que incluya programas para que la ciudadanía tome conciencia y actúe solidariamente ante cualquier hecho que atente contra la seguridad y la conviviencia.