Un estudio realizado por la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB) sobre la situación económica de la ciudad-región que analiza y da unas directrices para que la relación entre la capital y el departamento sea sostenible en el futuro, indica que la sobrepoblación en Soacha es mal referente para otros municipios de Cundinamarca.


El estudio indica que el aumento de la población en los municipios más cercanos a Bogotá es uno de los aspectos que genera más impacto en la economía de la región. Para el 2020, el aumento de la tasa poblacional afectaría tanto a la movilidad y la calidad de vida como al uso del suelo, entre otros factores.

Si bien es cierto municipios como Sopó, Chía, Cota y Fusagasugá han crecido y su oferta de vivienda se ha disparado, lo han hecho bajo una adecuada planeación y pensando a futuro.

Por este comportamiento sociodemográfico, estos municipios se consideran ciudades emergentes, lo cual genera “la expansión de ciertas actividades económicas fuera de Bogotá. Esta dinámica ha consolidado corredores industriales y anillos empresariales, lo que ha dado paso a la identificación de relaciones económicas e iniciativas de articulación para el desarrollo de sus economías”, resalta el estudio.

Soacha, un mal ejemplo

Soacha, un municipio que alberga una población de 511.262 habitantes, según la poryección DANE a 2015, es un ejemplo de lo anteriormente expuesto; por su proximidad a Bogotá y debido a la poca planeación territorial, presenta problemas de aglomeración poblacional.

Así las cosas, la calidad de vida de sus habitantes no es la mejor: “Existe un bajo nivel de formación del capital humano y altos índices de necesidades básicas insatisfechas”, se explica en el informe de la CCB.

Por esto, otros municipios han tomado como referencia a Soacha y, al no querer repetir su historia, han atraído población con un buen poder adquisitivo y de formación profesional para mejorar la economía, como es el caso de la provincia de La Sabana, en donde hay proliferación de estratos más altos.

El reto consiste entonces en que en parte haya solidaridad entre los municipios, con el fin de que los que tienen un próspero futuro económico, ayuden a mitigar los problemas sociales de otros municipios.

Sin embargo, es notoria la poca voluntad política, según explica la CCB: “Compartir los problemas sociales se convierte en un factor negativo que justifica la posición de algunas entidades territoriales para no optar por una integración económica, pues se percibe como una acción de subsidiariedad frente a otros municipios con menor capacidad de acción”.

De no trabajar estos asuntos a tiempo, la competitividad económica regional se afectará, pues la alta aglomeración de población no es deseable sin un plan de choque, ya que se pueden presentar presiones por los territorios o por el uso del suelo, lo que tornaría en un problema mayor el transporte, y las necesidades básicas insatisfechas serían un inconveniente aún más grave.

Una de las propuestas que se hacen es enfrentar la pobreza priorizando la inversión de recursos y haciendo más efectivas las acciones de las entidades en los temas de vivienda, educación, seguridad, movilidad y salud.

Entre las sugerencias, por ejemplo en educación, se insiste en la formación del talento humano. Debido al gran número de municipios que concentran la inversión de empresas, es importante capacitar a la población para que trabaje en su mismo municipio o en otro, de forma que se fortalezca la oferta de mano de obra y se ataque la segregación.

Plantear más alternativas de transporte hacia el sur de Bogotá es otro tema importante, así como implementar un sistema integrado de transporte, aumentar la flota de buses de TransMilenio y sus estaciones, ofrecer el servicio de alimentadores y construir el metro, soluciones que apuntan a mejorar el transporte para un gran número de personas provenientes de municipios como Soacha y que trabajan en la capital.

Todo lo anterior se alcanzará si hay “un escenario institucional robusto”, como afirma la CCB. De lo contrario, los retos que están apareciendo en la ciudad-región, y que no sean enfrentados como es necesario, no permitirán un desarrollo sostenible.

Transporte, clave para la integración

En el informe realizado por la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB) se resalta la importancia de ofrecer en la región entre Bogotá y Cundinamarca una infraestructura adecuada para la optimización del transporte.

En pocas palabras, si la movilidad se facilita en el territorio, hay más facilidades de que se afiancen relaciones económicas entre los municipios y la ciudad, y viceversa.

Algunas entrevistas realizadas para entregar este estudio apuntan a que el estado de la malla vial y la regular oferta de transporte son factores que afectan la competitividad económica. “Las condiciones de transporte de productos y personas de la región no generan un factor de éxito, sino una amenaza para la competitividad y la integración económica regional”, se explica en el documento.

Ejemplos como el de la salida de Bogotá hacia Soacha son determinantes: no existe un sistema de transporte adecuado, la calidad de vida de los soachunos en cuanto a movilidad es precaria, la gran mayoría de ellos trabajan en la ciudad, pero sin un sistema efectivo, la competencia a nivel regional es regular.

Otro de las salidas es la de Bogotá hacia Cota, por el occidente. La vía conocida como Suba-Cota es insuficiente, pues se quedó pequeña para la cantidad de vehículos que pasan diariamente por allí. Y, en las horas pico, la congestión es impresionante.

Entre las soluciones que se han propuesto está la de crear un plan regional de infraestructura para el transporte, el cual tendría el objetivo de trabajar en los problemas más urgentes para que se solucionen a corto plazo.

Entre otros planes, también se han presentado los del tren de cercanías, la pavimentación de las vías, la construcción de una vía perimetral y la implementación de un excelente sistema de transporte.

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