“Quien quiera que haga política anhela llegar al poder, al poder como logro de otras miras, ya sea por puro ideal o por egoísmo. O al “poder por el poder”. Max Weber.


Han pasado algunos cuantos días de un nuevo año que nos traerá nuevas ilusiones y nuevos proyectos que se difundirán a lo largo de las calles y los barrios; ilusiones y proyectos que nos llevarán irremediablemente a ilusionarnos y a soñar nuevamente con un mejor mañana.

Lo verdaderamente nuevo, lo gratificante, lo esperanzador sería que todo esto se pudiera dar dentro de una competencia sana, seria y responsable, pero como sabemos, no será así y no lo será porque hoy nadie aspira a ser alcalde o concejal o quizá gobernador basado en propuestas y proyectos de progreso.

Lo que hoy se llama competencia por la Alcaldía no es más que un mercado persa de unos cuantos que no aspiran a ganarla sino a comprarla, al precio más bajo, porque es un botín que no solo engrandece el orgullo y la vanidad del ser humano y que no copa sus desmedidas ambiciones, sino que también es una forma de ganarse la lotería sin el mas mínimo dolor por lo que en realidad representa administrar una ciudad como esta.

Han pasado ya varios días de la feria de los regalos, de la feria de las rifas que se dieron en el mes de diciembre; quién sabe cuánto dinero se habrá repartido para comprar conciencias, sin importar las verdaderas necesidades de los niños y niñas de Soacha esas sí verdaderos sueños porque nunca se cumplen.

Aunque en diciembre los niños y niñas recibieron un detalle, en el fondo no era más que un mensaje subliminal sobre la conciencia de sus padres, padres que ven como se les compra su voto sin estar todavía en campaña y sin pensar cómo van pagar esta cantidad de regalos durante los próximos cuatro años.

Seguramente se les deducirá de los recursos que se destinarán para la construcción de vías, acueductos, colegios o centros de salud si es hay recursos para ello, porque nos acostumbramos a navidades de mentiras, donde unos y otros en nombre de política buscan calmar conciencias recurriendo a especulaciones y discursos que van siempre amarrados a intereses de grupo que generalmente terminan desconociendo a las comunidades.

La política ha dejado de ser la forma por excelencia del debate de las ideas para convertirse en un escenario de ilusiones rotas y de procesos inconclusos. Nos hemos vueltos filósofos públicos dando argumentos fríos y calculados sobre la realidad de la ciudad.

Ignoramos, desconocemos o en el peor de los casos rechazamos o ponemos en dudas los cambios en la forma de gobernar que se ha introducido en otros municipios que nos dan ejemplo de que sí es posible cambiar nuestra realidad trasformando el escenario politiquero en un escenario más gerencial.

Alguien en Soacha decía que no se ha sabido diferenciar entre la político y la gerencia porque el alcalde que asume siempre sigue siendo un político más porque la política debe terminar en el momento y en el instante en el que se asume el poder, y esosólo lo han entendido ciudades como Barranquilla, Cali, Medellín.

Y en el caso de nuestros vecinos lo entendió Bogotá hace muchos años y hoy diríamos que Madrid en la Sabana pero Soacha sigue encerrado en la encrucijada más difícil de su historia sin aprenderla, pero obligada a repetirla, con concejales de candidatos que a lo único que aprendieron fue a comprar conciencias, con candidatos que solo con el alcohol tratan de convencer a otros, que a pesar de haber hecho sus fortunas con los recursos del presupuesto del Municipio, quieren seguir abriendo las arcas y así sucesivamente nos vamos confundiendo en la falta de identidad y de amor por una ciudad que a la larga no es de nadie.