La profunda crisis de corrupción que ha venido socavando la poca legitimidad del Estado colombiano no tiene antecedentes en la historia política del país.


Y es tan grave lo que ocurre en la Corte Constitucional como lo que ocurre con las denuncias contra la contralora de Suacha Nora Evelia Cubillos, el personero municipal Henry Sosa Molina y el alcalde Nemocón, que por muy irrisorios que parezcan los dineros públicos invertidos en una contratación improcedente, fueron a parar a las arcas del contratista Pedro Antonio Ortiz Malagón, esposo de Contralora como lo denunció la W Radio el día 20 de marzo.

Todo lo contrario al propósito inicial que motivó los cambios que introdujo la constitución del 91 para ampliar la democracia, promover la participación social y hacer más trasparente el manejo del Estado con la creación de organismos de control especializados como el Consejo Superior de la Judicatura, la Fiscalía General de la Nación y la Corte Constitucional, simultáneamente quedó abierta la puerta para que nuevas y oscuras formas de poder como la delincuencia, el narcotráfico, el paramilitarismo y la subversión fueran cooptando todos los niveles de la administración pública nacional, departamental y local, razones por las cuales los poderes públicos de todos los niveles de gobierno de todas las entidades territoriales sin excepción, han estado y están involucrados en numerosos y graves actos ilegales que tipifican casi todas las conductas penales definidas en el código penal.

Basta leer, ver y escuchar los grandes medios de comunicación nacionales que sin rubor defienden a ultranza una institucionalidad en crisis, revelando, sin la más mínima vergüenza, el profundo grado de deterioro moral y ético con el que ejercen un número preocupante de funcionarios venales los asuntos públicos y el manejo del Estado, que esos mismos medios vanaglorian sin parar.

Los delicados escándalos que sacuden a la Corte Constitucional, al Consejo Superior de la Judicatura, altos oficiales de la Policía Nacional, el Congreso de la República, los escándalos que se ponen diariamente al descubierto en el sector de la salud, en el sector privado como el reciente de Interbolsa, son una muestra preocupante que no hay ninguna institución del estado por insignificante que sea, que no esté inmersa en procesos de corrupción.

Hace casi 6 años desde este mismo espacio reflexionaba sobre la gravedad de los hechos de corrupción que para la época escandalizaban y continúan escandalizando al país y lo ponían en la mira de los organismos de trasparencia internacional como uno de los países con mayores niveles de corrupción institucional del mundo, ocupando el deshonroso 98 lugar en el mundo entre 177 países, según www.transparecniaporcolombia.org

Como suele decirse en el argot del fútbol, estamos a mitad de la tabla, y de seguir como vamos seguramente muy pronto estaremos en los primeros lugares, porque antes que tan grave mal tienda a disminuir, los escándalos y denuncias crecen como espuma, en todo lado hiede y hiede muy mal.

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