Todos los días, Norbey Vásquez, uno de los cuidadores del Centro de Recepción de Fauna Silvestre de la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA), tiene la tarea de alimentar y vigilar a un tigrillo, que si no fuera por sus manchas color barcino y por uno que otro rugido, más parece un manso y juguetón gato doméstico.


Al acercase a la jaula, contrario a lo que haría cualquier felino, este tigrillo empieza a buscarle juego a Norbey. Se sube en la reja, le maúlla, le saca alguna de sus patas y hasta le retoza. En las noches, cuando normalmente los tigrillos cazan, éste se la pasa durmiendo.

Así se ha comportado desde octubre de 2011, cuando la Secretaría de Ambiente y la Policía Ambiental y Ecológica lo rescataron en una casa en el barrio Niza, en el norte de Bogotá, en donde vivió por más de un año. Su captora, una mujer de 29 años, lo compró cuando era un cachorro en el barrio El Tunal por 3 millones de pesos.

Día de por medio, cuando Norbey le lleva como alimento algún conejo o codornices vivas, este gato con piel de tigrillo empieza un jugueteo que se extiende hasta por una hora. Pareciera que en lugar de ir a cazar a su presa tuviera al frente alguna bola de estambre, que manotea bruscamente por más de 20 minutos y luego la mete en la ponchera en donde bebe agua con complejo B.

Un tigrillo con sus instintos felinos no demora más de 5 minutos en cazar y devorar su presa. Este caso es opuesto, ya que éstas mueren ahogadas o por las lesiones de los golpes. Cuando se cansa de la persecución, y al ver que su presa ya no tiene movimiento, el hambre hace su efecto y el felino empieza a alimentarse.

Pero su fiel cuidador asegura que el felino ha tenido algunos avances. Aumentó cinco kilos (llegó pesando 3 kilos) y ahora mide 98 centímetros. “Cuando llegó al Centro se demoraba hasta 6 horas en comer alguna de sus presas. Ahora en promedio es una hora”.

Sin embargo, el daño de su captora, que lo alimentaba a diario con cabezas de pollo y menudencias cocinadas, no tiene marcha atrás: no podrá ser puesto en libertad por más que mejore sus conductas.

Yudy Cárdenas, bióloga del Centro de Fauna, aseguró que la domesticación de la que fue víctima impide que vuelva a ser un tigrillo normal. “Si es puesto en libertad tendrá dificultad en cazar sus presas y se le acercará a los seres humanos. Por sus comportamientos opuestos a los de un felino, los otros tigrillos podrían atacarlo y matarlo”.

Además informó el peligro al que estaba expuesta su antigua captora al tenerlo como mascota. “Es un animal, y en cualquier momento podría haber atacado y herido a cualquiera que se le acercara”.

Lo más probable es que este “pequeño gatito” termine en algún zoológico, donde los ciudadanos podrán conocer el daño que le hacen a un animal al sacarlo de su hábitat natural.

Todo por una denuncia

El rescate de este tigrillo se dio gracias a una denuncia anónima a la Policía Ambiental y Ecológica. El denunciante aseguraba que en una vivienda de Niza tenían como mascota a un tigrillo y a una tortuga, y efectivamente así fue.

Leidy Pinilla, la joven ama de casa, confesó su error y entregó a ambos animales. Admitió desconocer la procedencia del tigrillo.

La Secretaría de Ambiente hace un llamado para que la ciudadanía denuncie la tenencia de animales silvestres y el tráfico ilegal.

“Pueden comunicarse con el grupo de fauna de la SDA al 3778854 o con la Policía Ambiental y Ecológica. Si quieren entregar algún animal voluntariamente pueden hacerlo en las oficinas de enlace de las terminales de transporte de El Salitre y El Sur, o en el aeropuerto ElDorado”, manifestó Carmen Rocío González, subdirectora de flora y fauna de la SDA.