Debo confesar que a las cuatro de la tarde del dos de octubre tenía ansiedad histórica y nacional causada por la ilusión de ver un país decidido por un Sí que daría un curso diferente al proyecto de país que se viene tejiendo desde años de hegemonía. Como toda ilusión, la realidad pronto la hizo desvanecer.


Indudablemente y aunque en el deber ser comunicativo la tendencia debe mitigarse con el fin de lograr la ‘objetividad’, mi esperanza estaba reflejada en el voto a favor del sí, siempre pensando en el futuro, cada vez más incierto de mis hijos y los cientos de niños y jóvenes que me encuentro en el camino. Todo me hacía pensar también en los sueños que tejían los campesinos, las víctimas e incluso los mismos guerrilleros que pretendían tener una nueva visión de vida. Pues aunque he tenido la fortuna de no experimentar la guerra en carne propia, reconozco y he compartido con personas que les duele la memoria y el existir cada vez que recuerdan los muertos que han aportado a la absurda guerra de fusiles, balas y hambre.

Mientras esa guerra seguía (y sigue) camuflada, muchos desde nuestro confort, fuimos testigos de las otras formas de guerra, matizada y polarizada por un sí y un no, ambos con el pretexto de conseguir la ‘verdadera’ paz. Aún no es claro que es aquello verdadero que se busca, si varios de los del sí se agredieron y manifestaron su odio luego de conocer los resultados de la jornada electoral ¿cuál es entonces la forma primaria de la paz si esta no se teje desde sí mismo? Muchas familias y amistades pasaron del sano debate de café, al insulto por un sí o un no, eso sin contar con la ofensiva y bullying de redes sociales, provocaciones y hasta amenazas de los del sí y el no que deseaban la paz, cada uno a su manera, pero sin aplicar el respeto como principio básico de paz.

Pareciera que los odios, venganzas y rencores heredados han logrado hacer de las suyas en la racionalidad de unos cuantos que aprovecharon su poder para continuar acercando privilegios a la élite y el neoliberalismo. La manera que el sí proponía para dar un primer paso de paz, no era perfecta, tampoco castrochavista, pero era una histórica opción para darle un nuevo rumbo al país, pensado desde la autonomía territorial que cada vez se pierde más e incluso una sutil propuesta de reforma agraria.

Empiezan a buscarse los culpables, entre ellos se observan protagonismos, desuniones de izquierdas, intervenciones religiosas, ignorancia, no lectura de los acuerdos, pedagogía virtual manipulada y basada en memes falsos, falta de sensibilidad frente a los que realmente vivieron el horror de la guerra, poca solidaridad entre los votantes del sí, pereza por ir a votar, indiferencia traducida en abstencionismo, entre otras excusas y razones (¿verdaderas?) que permitieron alimentar el triunfo del no.

En la noche, el país entero escuchó la alocución presidencial y también a Timochenko, ambos coinciden en asegurar que pase lo que pase se seguirá buscando el camino hacia la paz y además dan la certeza de la continuación del cese al fuego. Lo cual, creo, es valiosísimo en medio del desolador panorama que vivimos hoy los del sí e incluso para los del no y los que no votaron es una grata noticia.

Esto es una caja de Pandora, salieron los males a flote y queda guardadita en el fondo la esperanza. Las víctimas nos llaman, el pueblo maltratado por la guerra necesita de nuestra solidaridad. Es el momento de resurgir como el Ave Fenix y volver a levantar nuestros afectos, energías, ilusiones y para poder salir definitivamente de la guerra que nos agobia. En teoría, los del sí, los del no, los no votantes, los apolíticos, las víctimas, en resumen, TODA COLOMBIA, QUIERE PAZ. La preocupación es ahora cuál es la paz que se propone, cómo se propone y qué se quiere teniendo en cuenta que el líder del No, tuvo en sus manos la posibilidad de fomentarla y sus políticas neoliberales no fueron coherentes con esta premisa, al contrario, generaron ley 100, impuesto de guerra, aumento del IVA y de las semanas para alcanzar la pensión, vivienda en Soacha… entre otras.

¿Cuál será la nueva forma de los acuerdos y el proceso de paz? ¿O es mejor preguntase, al estilo de quién (o quienes) será la nueva forma que tome la búsqueda de la paz en Colombia? ¿Cuál es la mejor forma de proponer paz en Soacha y en la vida cotidiana de cada uno de nosotros?