¿A qué juegan los aspirantes a tomarse el poder político-económico de Soacha?

Debemos ser objetivos en estos temas. La experiencia le ha enseñado al pueblo soachuno que en estos momentos no existen afinidades, programas y menos políticas públicas, como se engalana una amiga al pronunciarlo constantemente.


La política de conseguir votos (le denominan en algunos círculos politiquería o mecánica política) y ganar el poder se resume en primera instancia, que cada “proyecto” o aspirante, luego convertido en precandidato y, por último, habiendo resultado ganador en esa competencia “lagartera” de conseguir el aval, ungido como candidato a la alcaldía, deviene en la etapa siguiente: la del consenso. Recordemos que en las siete últimas candidaturas a la alcaldía y toma del poder solo se logró la victoria y el “solio del quinto piso” mediante el “consenso” entre partidos y movimientos, pues ya la época en que “los gamonales” señalaban, hacían elegir y ordenaban “en cuerpo ajeno”, se agotó en Soacha.

Es en este segundo estadio donde los candidatos avalados e inscritos (porque así se cotiza y puede negociar mejor un candidato) se reúnen, ya sea en bloque con los partidos y movimiento políticos mediante reuniones públicas o en privado con los “dueños de los avales”, el congresista que tiene votos o los congresistas que vienen a cobrar las ayudas que han “dado” al municipio, uno que otro exalcalde, diputado, exdiputado que aspira a absorber los votos de algún amigo que le queda o también a cobrar su “gestión” a favor de sus amigos del municipio, iniciándose la “puja” de intereses económicos y políticos, es decir: cuota-parte de la torta presupuestal y cuotas burocráticas definidas. Como pueden advertir amigos, aquí no se habla de lo fundamental, de lo social. En esta instancia no interesa a los candidatos y a su grupo de apoyo. Sin embargo, si se llega a algún acuerdo se adorna ante los medios con “hemos llegado a un acuerdo programático social” sin saber cuál, pues de esto nunca se acordó nada.

Esta etapa es decisiva, se tiene en cuenta lo invertido y los montos a invertir, o como decía un exalcalde: “Los candidatos que tengan la plática póngala sobre la mesa y hablen, sino retírense que estamos perdiendo el tiempo”.

Y es decisiva porque de estas reuniones privadas se escoge al más fuerte financieramente y con apoyos de los “embaladores” y “los dueños de los avales”, quienes guardan sus exigencias para cuando “salga elegido” por una sencilla razón: Detrás de estos “magnates de la política nacional” vienen los grandes contratistas.

Como es de conocimiento público (el único que lo ignora es el Consejo Nacional Electoral que propone unos «topes» de gastos de campaña que nadie respeta) cada candidato para lograr su elección «debe invertir» más de la cuenta. Cada candidato con su grupo de apoyo tiene sus cuentas bien claras, (claro, no las que van a informar al Consejo Nacional Electoral. Ingenuos no son y sus contadores menos) pues, de esos montos a invertir y de la transacción económica se va a decidir la fuerza de la campaña: los apoyos políticos. Esta es la regla general de toda elección en Colombia. No solo para Soacha, sino para todo Cundinamarca y el país, ya que para los electos y sus “equipos”, todo es ganancia. Esto es un negocio, “socio”.

Si lo notó, en este proceso no cabe lo social ni las llamadas políticas públicas que solo se han quedado en el papel en estos últimos 15 años. Los anaqueles de la Secretaria General y los archivos de la Alcaldía dan buena cuenta de ello.

Paralelamente al proceso de escogencia del candidato “de consenso”, veremos “resucitar” candidatos «quemados» que han perdido su «valor de transacción» y tienen que salir al «mercado» con expectativas menos costosas (existen muchas variables de análisis dependiendo del candidato y su entorno político). Otros, dejaran «en libertad» a su seguidores y amigos, y otros con mucho brío, ingresarán a la práctica política con la idea de “explotar” los errores de la administración o con una u otra denuncia pública, o en últimas arropándose en “las faldas” de un eterno o de un profeta.

Esta es la «dura» realidad. Los voto-pensantes deben elegir a conciencia. Ese es nuestro deber principal como ciudadanos. El juego de los candidatos es la consecución de apoyos con votos a costa de su peculio y el de sus patrocinadores que siempre son los mismos: Los dueños del poder, la economía y los grandes contratistas porque los pequeños apenas subsisten.

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