Desde hace muchos años venimos clamando a las autoridades municipales de nuestra ciudad, que den muestras del orgullo que se debe sentir cuando es tiempo para recordar a dos de sus preclaros hijos, fallecidos hace mucho tiempo y a quienes no ha sido posible ofrecerles el homenaje que se les debe, por el bien que hicieron con la literatura y la educación, durante su maravillosa vida.


Nos referimos concretamente a Eugenio Díaz Castro y a Manuel Vicente Rojas Rincón. El primero, escritor costumbrista, de quien dice la historia nació en Soacha el 5 de septiembre de 1803 y murió en Bogotá el 11 de abril de 1865, en donde se le sepultó; célebre por ser el autor de Manuela, considerada en su época, la novela nacional y una de las iniciadoras del género costumbrista en Colombia, además de innumerables cuadros y artículos publicados en los periódicos El Bien Social, El Mosaico, Biblioteca de Señoritas y La América.

Con José María Vergara fundaron la tertulia literaria de El Mosaico, a la que se unieron José Joaquín Borda, José Manuel Marroquín, Medardo Rivas, Manuel Ancízar, José María Samper, José Manuel Grot, José Caicedo y Rojas, Juan de Dios Restrepo y José David Guarín, es decir, la crema literaria de la época.

Enfermo en 186l, escribió El Rejo de enlazar, Los Aguinaldos en Chapinero y 32 capítulos de Pioquinto o el Valle de Tenza, que no alcanzó a terminar, por haber muerto en la fecha ya expuesta. No obstante, Eugenio Díaz escribió cinco novelas, todas publicadas póstumamente, según el recuento que ha hecho la escritora Patricia Torres Londoño y que hemos encontrado en la Biblioteca Miguel de Cervantes de la Universidad de Alicante, para esta nota, e importantísimo centro docente del Mediterráneo español. Dos cortas: Una ronda de don Vicente Ahumada y María Ticine o Los Pescadores de Funza, de tema indigenista.

Manuela, su obra más conocida, elogiada por Vergara y Vergara, Miguel Antonio Caro, Jorge Isaacs, Salvador Camacho Roldán, Baldomero Sanín Cano, Tomás Rueda Vargas, Rafael Maya y otros, dice al inicio de su Tomo I de edición argentina, encontrado en la Biblioteca ya referida, y que estoy seguro no tienen en la Casa de la Cultura de Soacha, lo siguiente que debían recitar de memoria los estudiantes y habitantes de nuestra tierra como homenaje permanente a su autor:

«Eran las seis de la tarde, y la luz del crepúsculo se alcanzaba a adivinar por debajo de las ramas de un corpulento guasimo, una choza sombreada por cuatro matas de plátano que la superaban en altura. En una enramada que tocaba casi el suelo con sus halares, se veía una hoguera, y alrededor algunas personas y un espectro de perro, flaco y abatido sobre sus patas. Al frente de la enramada acababa de detener su mula viajera un caballero que entraba al patio, seguido de su criado y de un arriero que conducía una carga de baúles…….»

Se han cumplido ya 207 años de su natalicio y 145 de su fallecimiento y no ha sido tiempo suficiente para que nuestros gobernantes le hayan dedicado siquiera una hora para resaltar su figura o, como homenaje, ordenar cuando menos, la edición de su obra literaria, que no obstante hemos encontrado con elogiosos comentarios, a más de 10.000 kilómetros de la tierra que lo vio nacer y, en cambio sus gobernantes se mantienen indolentes e ignorantes de su memoria, no obstante que el Instituto de Crédito Territorial haya bautizado un barrio de Soacha con su nombre, que bien pudo haberse denominado El Cortijo, La Yerbabuena, o cualquier otro nombre que acordaron de afán los representantes de la constructora.

La otra gran figura de nuestro Municipio, es Manuel Vicente Rojas Rincón, quien murió en su tierra soachuna el 27 de abril de 1949 y a él la educación le debe la creación del Colegio Ricaurte en Fusagasugá, hoy Universidad, cuando allí fue Párroco, y en Soacha el famoso Colegio Bolívar que acaba de cumplir 68 años de eficacísima labor docente entre la juventud, y es hoy ejemplo de servicio a la comunidad de la tierra que lo vio nacer.

La juventud de Soacha debe saber que el Colegio Bolívar se creó por iniciativa de Manuel Vicente Rojas, cuando en nuestro pueblo sólo existía la escuela pública que apenas llegaba al 4º grado, e imperaba a fuerza de las circunstancias la incultura, porque no todos los jóvenes podían estudiar en Bogotá.

Son ya 61 años de su muerte, acabados de cumplir, y tampoco se acuerdan quienes gobiernan y han gobernado a nuestra tierra, que Manuel Vicente Rojas entre 1947 y los inicios de 1949, cuando su enfermedad le impidió seguir en la docencia, fue rector del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, sitio a donde a través de su existencia, únicamente han llegado las grandes figuras de la historia y las letras de Colombia.

Ya que nuestros gobernantes no conocen o no recuerdan la historia ni a sus gentes valiosas, los soachunos debiéramos elaborar un proyecto de Acuerdo que ordene el reconocimiento y materialización que merecen sus hijos ilustres que, el Concejo, estaría obligado a tramitar por claro mandato Constitucional que así lo ordena.

Amanecerá y veremos.

JOSE IGNACIO GALARZA M.

joseignaciogalarza@yahoo.es