No se puede seguir a ojo cerrado, sin cuestionar ni reflexionar sobre el actual proceso de paz que considero, sí es necesario en el país. Como ciudadano anhelo la paz, pero mientras el proceso y la oposición no se encuentren en un punto de equilibrio, el país seguirá polarizado y paralizado en la búsqueda de acuerdos que beneficien a toda Colombia.


Soacha ha vivido anticipadamente el posconflicto, sin tener conocimiento ni herramientas para ello. Esto se evidencia a diario con la alta presencia de familias en condición de desplazamiento, desmovilizados y personas que hacen parte de la ley de víctimas. Tal vez en poco tiempo, estos seres humanos dejen de ser estigmatizados y señalados para vivir nuevamente como ciudadanos colombianos lejos del conflicto, ciudadanos normales, muchos de ellos decidirán seguir asentados en la tierra soachuna que les abrió las puertas.

En esta contingencia, urge en el municipio una pedagogía especial del posconflicto que permita conocer el proceso de paz y las implicaciones que traerá para el territorio. Soacha sufre malestares, problemas y múltiples vejámenes que no son desconocidos para nadie; por eso con el posconflicto, Soacha también tiene la posibilidad de ser reivindicada por el gobierno nacional y dejar de ser mirada como el lugar donde confluye el desplazamiento, para pasar a proponerla como una gran ciudad que aporte al desarrollo del país.

Es por eso que luego de leer el eje de Participación Política, segundo punto que se debate en el acuerdo por la paz, considero que es uno de los fundamentales para iniciar una propuesta de acercamiento temático al proceso, pues en este punto, la democracia y la participación ciudadana son los pilares para repensar el sistema.

El proceso de paz es una apertura a la democracia, lo que hace es construir desde varios puntos de vista algunos acuerdos que desde lo humano pueden llevar a la reconciliación, al perdón, a la tolerancia, a la convivencia y a una cultura de amor. Lo más importante es que puede llevar también a una no estigmatización. Hay dolor, recuerdos y memorias que generan resentimiento y este vínculo con la vida puede ser realmente lo más difícil de pensar.

Al igual que muchos colombianos, también tengo dudas y cuestionamientos sobre lo que se teje en la Habana y en el corazón de las personas que lideran el proceso. Sin embargo, guardo la esperanza y sé que no será fácil llegar a un punto de vista unívoco en donde todo el mundo pueda beneficiarse y estar tranquilos.

El proceso emotivo es complejo porque toca las fibras internas de cada persona afectada por la violencia directa y a cientos de ciudadanos que padecemos las consecuencias estructurales de ello. Llegará el momento de romper vínculo entre política y armas, no cabe duda que es necesaria la desmovilización, da un poco de temor, pero es fundamental en la búsqueda de la paz.

Por otro lado, desde la parte política, el llamado a la democracia convoca a pensar la presencia de nuevos actores, nuevas posturas, temas y debates que llegarán a la agenda gubernamental y deben ser tenidos en cuenta. Surgirán entonces nuevos partidos políticos, nuevas alianzas que pueden oponerse o favorecer las políticas que se formulen desde el gobierno nacional. En teoría, las nuevas partes que integren el sistema tienen la tarea de promover la transparencia electoral y fortalecer la participación ciudadana.

El estado, apoyado por sus ciudadanos entraría entonces a ofrecer garantías de oposición política y participación. Seguridad y respeto a la diferencia, garantías a los comunales, ediles, alcaldes, gobernadores, senadores, todos estamos incluidos aquí en la propuesta del proceso de paz. Hay que revisar los POT y los Planes de Desarrollo para reconocer cómo los territorios se piensan en medio del proceso, cuál es el sentir de la región en torno al posconflicto, por eso hay que empoderar al ciudadano para que ejerza su control y con su ayuda generar transparencia, coadyuvar en la gestión pública y darle buen uso a los recursos estatales; este es un ideal que se debería cumplir en todos los proyectos gubernamentales, sin embargo desde la Habana se está nuevamente haciendo el llamado para generar mayor participación ciudadana y transparencia gubernamental.

Reitero que hay quienes quieren apoyar la paz, pero no hay un conocimiento más allá de lo que presentan los medios, hace falta mucha pedagogía que desde ya me abandero en promoverla en el municipio. Como concejal apoyé la creación del Consejo Municipal de Paz, como ciudadano apoyo la paz y la cultura del perdón; pero sobre todo la creación y difusión de herramientas de socialización que permitan conocer el proceso de paz, que es un primer escenario para estar al tanto de lo que puede pasar en muy pocos meses en nuestro país.

Para ello concretamente invito a:

1. Reactivar el Consejo Municipal de paz .
2. Crear mecanismos de pedagogía de paz
3. Muchas personas aún no saben en dónde se encuentran ubicados los documentos e infografías que hacen parte del proceso de paz, invito a consultarlos en la web del alto comisionado por la paz: http://bit.ly/1TUB5JT
4. He gestionado una becas de formación en un curso libre de ‘Gobierno y paz’, el cual será certificado por la Universidad de los Andes y el Ministerio del Interior. Quienes estén interesados podrán inscribirse en: http://bit.ly/1sITSyr «.