Ayer sí que jue mi día, primero bien tempranito, cuando estaba barriendo el frente, me topé en la puerta con el dotor…, no hizo falta que lo fuera a visitar, el mismito vino; tenía como cuatro años que no le veía; ¡ay! está tan saludable, que parece una tajá de piña por la mañana


Sí, saluda a casi to´ el mundo con una palmaita en el hombro y una sonrisa con sus dientes recién blaqueaítos y parece que ha estado po allá en esos gimnasios en donde se la pasan las muchachas de licra y botella de agua en mano, porque no se le nota naíta e grasa. Ja, y me dijo que izque, soy yo la que estoy rejuvenecía; como si yo no tuviera espejo, ni que hubiera botao la foto que me mandé a tomá con él en la campaña pasada, afortunadamente la tengo puesta ahí en el marco de ese cristal amigo; sí, porque el espejo es quizá el único amigo que una tiene; el resto, casi todos, lo que son es unos hipócritas, mentirosos y aprovechaos… Luego sin dejame de mirá con esos ojos que casi me acobardan me dijo: y usted fue que cambió el teléfono que siempre la llamo y nunca me contesta; cuando he venido me han dicho que anda por allá por Ricaurte, por donde su hermana; entonces le dije: ay dotor, cómo quisiera i po allá, a asoléame un tricito, pero la plata de vaina si alcanza pa medio comé; y el teléfono, mire no má, ahí está el mismito; no dotor, segurito usté marca pa otro lao, porque así el televisor o el radio estén prendíos, de lo duro que repica, no hay forma de que no lo oiga. Entonces aprovechó pa llama a Don Ángel que iba pasando y sacó del bolsillo del saco unas cuantas tarjetas y le dijo: Qué ha pasado Ángel que no te has acercado a la sede, mira que vamos a ganar! y Don Ángel le dijo; Doctor… qué pena pero esta vez no lo acompaño, ya decidí qué voy a hacer con mi voto; y sí, es verdad, a la sede no he ido, pero a la oficina que tenía allá en la Gobernación, si no fui unas diez veces a buscarlo, no fue nada; le dejaba razón con todas las secretarias que tuvo, siempre les decía: dígale que por favor me llame al celular o a la casa…y les dejaba mis números; y les preguntaba al regreso, ¿joven, será que no le han dicho?, dígale que ya tengo el proyecto listo. No doctor, guarde las tarjeticas pa otro cliente y con permiso, que voy de afán. Jo, ese Don Ángel, ese sí que lo sacó de taquito. A mí la verdá me da pena, es que viene y me saluda así con una sonrisa picarona, y na má se me acerca y la fragancia de su perfume me hace que me calle y hasta piense, que a él sí vale la pena apoyalo, porque él tiene bastante plata y si llega a la Alcaldía, no tiene necesidá de robá, porque harta sí tiene; pero no má se jue, me quedé pensando que el dinero nunca es suficiente pa ninguno, y si no, a qué es que van a esos cargos. El caso jue que me dejó como veinte tarjetas y 10 afiches. Luego vino el otro y me tocó la puerta: Buenos días doñita, ¿cómo amanece? Estamos por acá visitándola, trayéndole una propuesta buena; queremos llegar a la Alcaldía para colaborarles a todos los habitantes con transparencia, hay que sacar a todos esos que llegan hasta la Administración y se olvidan de las promesas de campaña, nosotros sí vamos a gobernar para los del pueblo, estamos cansados de ver gente extraña en el municipio, con su apoyo y el de los suyos vamos a ganar… y me dejó otro poco de afiches y de tarjetas, me dijo que la otra semana me trae un mercadito y unas camisetas pa que le apoye. A eso de las 10 llegó otro, éste sí venía cargao, pero de gente, si no venían cincuenta con él, no venía nadie, por allá por la esquina se escuchaba su musiquita pegajosa que repetía y repetía que él sí era el ganador, pues el pueblo necesitaba de su experiencia y su capacidad; otro poco de afiches y de tarjetas. Al rato vino uno que jue má direjto, me dijo que le dejara colgar un pendón en la ventana que da a la cuadra de abajo, y que a fin de mes me traía algo de platica; yo le dije que ya esa ventana estaba ocupada y que me habían dejado un adelanto. Tonces sacó uno de cincuenta y me dijo que desistiera cualquier negocio contraío, yo le vi el interés y le dije que dos de esos había recibío, y que por menos de eso no podía; tonces me dio dos más y mandó a la camioneta a trae el pendón y él mismito lo aseguró pa que no se juera a quedá por ahí embolatao. Al medio día llegó otro que no aparece sino en campaña y luego se pierde hasta la próxima: Mire que venimos diciéndole al pueblo que sólo si nos dejan gobernar a nosotros, van a llegar las soluciones, ya no podemos seguir esperando, esta vez sí vamos a ganar, es ahora o nunca… y al igual que todos habló de la crisis que hay en toos los setores, y sacó otro poco de tarjetas y de afiches; y mientras me preguntaba cuánto será lo que se gastan en tanta propaganda, le dije: mire dotor, la verdá ahí me colgaron un pendón y me quieren comprometé con mi voto y el de mi familia, son seis muchachos y tres mujeres cada quien con su familias; yo la verdá no camino si no me dan ná, si usté se porta bien, pues por ahí por debajito le ponemos los voticos, usté dirá; bueno y cuánto es eso doñita, me dijo estirando el pescuezo como el caballo cuando le aprietan las riendas; tonces le dije mire que aquí están las números de las cédulas inscritas, no como esa gente que jirmó pa la dotora y sólo pa jodela; no, conmigo si es serio el asunto, ahí toca dale a cada uno su poquito, así que diga usté a ve si negociamo; tonces me dijo que sí sabía de mi numerosa familia y de que aún no había decidío nada hasta hoy, pero que sólo tenía quinientos; yo le dije que eso no alcanzaba y que se los recibía pero con la condición que luego se reportara con algito má; luego vino otro y me dijo que tenía unas becas pa estudiá los fines de semana o de noche y que cualquier votico le servía, que no importaba la cantidad, pero que esperaba contar con mi apoyo y que de seguro no nos defraudaría; me gustó tanto su humildad que comencé a pensá en alejame de toos mis dotores; bueno no jue tanto por eso, sino por un volante que me dejaron bajo la puerta ya casi por la noche, era diferente a toos los demás, estaba hecho a máquina de escribí, parecía que no tenían plata pa mandarlos a una tipografía, pero entre otras cosas decía: Cada uno de nosotros es responsable del bienestar colectivo, a los gobernantes se les pueden culpar por el caos, el abandono, el desastre y la inseguridad social existentes, pero cuando se le conocen sus formas de proceder, las artimañas para convencer y las ambiciones personales que tiene cada uno, y aún así los elegimos, toda la culpa es nuestra y no de ellos. Para alcanzar el desarrollo armónico que tanto deseamos, debemos participar con responsabilidad ciudadana, anteponer nuestra dignidad personal, tener presente a quienes trabajan todo el tiempo por sus comunidades, y rechazar a quienes sólo se acuerdan de los problemas en épocas de elecciones. Y al final decía, si usted tiene dignidad, pero teme decir que no, diles sí, pero vota en blanco. Y la verdá que con tanto manoseo me pusieron a pensá.

Por: David Esguerra Tache,
Nominado al Premio Dios Varón a lo Mejor de Soacha,
Categoría Mejor Artista – Escritor.