Todas las condiciones están dadas para que la oposición venezolana éste domingo, con Henrique Capriles, abanderado único de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), llegue al Palacio de Miraflores, tras 13 años de permanencia de un modelo cercano a la autocracia, alimentado por una formidable estrategia mediática y populista, de la que ha salido perdiendo el bravío pueblo llanero, el mismo de Páez, Andrés Bello y Anzoátegui.


Si la victoria no se lo logra en esta oportunidad, resulta bastante improbable que los astros vuelvan pronto a colocarse en perfecta alineación, como lo están hoy, y que favorece a los amigos de la libertad.

El discurso básico del Presidente reeleccionista enfatizado durante la campaña electoral desde todos mecanismos oficiales de radio, prensa y televisión, no soporta ninguna consistencia, ya que la dualidad derecha e izquierda son categorías ajenas al devenir republicano de esa nación.
Ni Chávez es de izquierda, ni Capriles de derecha. Más bien ,el mandatario ex-golpista ,como lo recordaba Enrique Krauze en uno de sus obras, ha comportado durante estos años, un cuadro de «izquierdismo”, la misma patología política que Lenin en su obra del mismo nombre, equiparaba a una «enfermedad mental del comunismo», y que se traduce en una degenerativa gula de poder en favor de las camarillas, entre otras aberraciones públicas, como la incompetencia, el despilfarro de los dineros, la corrupción y la violencia.

El único tratamiento posible a este estado de cosas, como receta cuenta-gotas a paciente engañado, ha resultado ser el estímulo de la «lucha de clases», fórmula predilecta del ex-golpista gobernante, y que se ha visto particularmente alimentada durante estos meses de ajetreo electoral. Ese mismo modelo ha sido exportado a otros países, de la única forma que asegura su sometimiento a la condición de «satélites» de la revolución bolivariana, la de las donaciones con destino a los más insólitos destinos, como lo denunció Capriles. Los regalos en dinero a Honduras, 100 millones de dólares; de 930.000 dólares para un desfile de samba en Río, de 126.000 dólares a una agrupación de salsa puertorriqueña, o de 93 millones de US., para re-acondicionar una refinería en Jamaica etc., mientras los hospitales de Caracas y de la provincia carecen de tubos de gasa y antibióticos, no tienen otra explicación que la de un demente afán de expansionismo del Socialismo siglo XXI, con los dineros de todos los venezolanos. En el otro extremo Capriles Radonski ,como cualquier Atlas moderno, intenta despertar la dormida conciencia de los demócratas de su pueblo, postulando la necesidad impostergable de reconstruir el destino de Venezuela, mediante la profundización de un Estado democrático, de derecho, policlasista y con amplias garantías sociales, soportadas en la justicia, en la disciplina fiscal, en la educación , en la formación del recurso humano, en la ética pública, y en la re-activación económica que involucre la atracción, promoción y protección de inversiones tanto públicas como privadas. Sin duda que la suerte futura que se define en las urnas el 7 de octubre, concierne a América Latina y al mundo mismo.

Como lo sentenció sabiamente el mismo Bolívar :»La anarquía y la tiranía firman un inmenso océano de opresión que rodea a una pequeña isla de libertad”. Ese es el gran reto de los hermanos venezolanos éste domingo: lograr que esa pequeña isla, se convierta en un gran Continente de democracias, que no pueda ser asediado. ¡El pragmatismo y visión de Capriles, deben imponerse!
P.-S.