Aprovechando el obligado receso de Semana Santa para la reflexión, recordé justo que el alcalde Juan Carlos Nemocón M durante una intervención en el teatro Sua recién posesionado, se comprometió con y frente a los ciudadanos del municipio, a dar un informe de la gestión de gobierno antes de cumplir los primeros cien días de su mandato.


No se a cuántos ciudadanos se les habrá olvidado ese mensaje y compromiso, y digo que fue un mensaje y un compromiso porque ese fue el tono de sus palabras en esa ocasión; un mensaje y un compromiso.

Un mensaje cuyo contenido implícito era el no dar la menor posibilidad de que se pudiera generar el más mínimo atisbo de duda, escepticismo e incredulidad entre los ciudadanos acerca de su gestión de gobierno.
Y fue un compromiso que aún está en mora de cumplir y el cual puede significar el inicio de un proceso de desgaste de la credibilidad que logró construir durante su campaña aunque la credibilidad en las encuestas digan lo contrario.

Es comprensible que el primer mandatario municipal no podía iniciar su gestión frenando o impidiendo proyectos y obras que dejo en ejecución la anterior administración si es que dejo alguna que valga la pena destacar ahora, como tampoco se esperaba por supuesto que invirtiera de entrada, recursos en obras que deben surtir una serie de trámites políticos y burocráticos tanto de carácter técnico como jurídico.

También se comprende, que su gestión, intensa y agotadora por cierto, para asegurar la consecución de los recursos financieros que su programa de gobierno demanda, no ha encontrado nada más allá del compromiso y las protocolarias declaraciones de apoyo formal de los gobiernos distrital, departamental y nacional.

Ya prácticamente se cumplieron los primeros cien días de gobierno, y no se avizora intención alguna por parte de la administración para realizar un primer balance, aunque si se quisiera hacer, no se sabe con certeza de qué se haría, dicen muchos ciudadanos.

En contraste, la imagen del primer mandatario sigue en un alto nivel de popularidad y credibilidad como se desprende de la reciente encuesta realizada por sus asesores de imagen, pero sobre la que curiosamente sí empieza a reinar la incredulidad.

Ni las recientes e insensatas declaraciones del ministro de hacienda Juan Carlos Echeverry sobre el tema de regalías para Soacha, ni la negativa del alcalde Gustavo Petro a darle terminación a la ALO, ni la incertidumbre en el aseguramiento de los recursos para la “medio” terminación del sistema de Transporte masivo TM hasta San Mateo, ni la arbitrariedad de la policía de tránsito de Cundinamarca han suscitado los más mínimos pronunciamientos críticos por parte de la administración y mucho menos de la clase política local con la suficiente contundencia y dignidad por uno y otros.

En diversos sectores del municipio los habitantes aún no lo logran comprender cómo las graves declaraciones presidenciales, ministeriales, departamentales y distritales hechas por sus respectivos titulares, han sido cuando más objeto de lacónicos pronunciamiento y reflexiones poco críticas por parte de nuestro primer mandatario, cuando todas esas declaraciones en esencia van en sentido contrario a los intereses de los habitantes del municipio.

Aquí cabe recordar el famoso adagio popular que reza: “decirle la verdad al rey no es quitarle la corona” para decirle al Alcalde que todas esas declaraciones que han surgido de los más diversos niveles del gobierno, atropellan la ya largamente maltratada dignidad de los ciudadanos de Soacha cuya paciencia se parece cada vez más a la del santo Job.

En un reciente foro celebrado en el auditorio “Antonio Nariño” de la Universidad de Cundinamarca sede Soacha en el cual se reflexionaba acerca del carácter histórico de las relaciones Soacha- Bogotá, Soacha-Cundinamarca, Soacha-Colombia, la conclusión a la que se arribo es que en dicha relación con los tres niveles de gobierno, tradicionalmente siempre Soacha ha perdido.

Mas allá de los votos que colocó Soacha para que Santos fuera presidente o Cruz gobernador, el municipio no tiene la más mínima representación en las altas esferas del gobierno nacional salvo el cargo de enlace entre el alto gobierno y el municipio a través de la doctora Betty Zorro, o la secretaría especial para Soacha de la gobernación de Cundinamarca en cabeza del doctor Iván Moreno Escobar quien no obstante las buenas intenciones que pueda tener con el municipio, sin ningún respaldo político serán infructuosos sus esfuerzos y buenas intenciones para modificar sustancialmente la relación de subordinación y sometimiento del municipio a los vaivenes y los caprichos de la política nacional, departamental y distrital.