Estamos tan mal que el reciente anuncio de las Farc produjo una suerte de júbilo en buena parte de la opinión pública. Muchos celebraron la promesa de esta organización guerrillera de proscribir el secuestro extorsivo, el que se hace con fines económicos. Y las propias Farc le dieron a este anuncio un toque institucional. Dijeron que derogaban o suspendían la aplicación de la “Ley 002” emitida en tiempos del Caguán. “Ley” que en su momento presentaron como su propia política tributaria.


Y digo que estamos mal porque esa fue la misma promesa hecha por las propias Farc en 1984. Ocurrió en el marco de los diálogos de paz entre esta organización guerrillera y el entonces gobierno de Belisario Betancur. ¡28 años después volvemos al mismo punto! El “eterno retorno” de nuestro conflicto, podríamos decir parafraseando a Federico Nietzsche. Celebremos en todo caso el anuncio y abriguemos la esperanza de que sea cumplido. “Es un paso positivo aunque insuficiente”, dijo el presidente Santos.

Pero este anuncio no fue un hecho aislado. Hizo parte de una jugada a varias bandas. Anunciaron también la liberación unilateral de diez miembros de la fuerza pública secuestrados hace más de diez años. Gesto también considerado positivo desde la orilla optimista de la paz negociada. Y que por supuesto todo el país celebra, así haga parte de la estrategia de liberaciones a cuentagotas. Que se haga sin contraprestaciones le da un valor especial al gesto. Pero el trámite de estas liberaciones tiene unos ingredientes que no se deben soslayar. La activa participación de “Colombianos y colombianas por la paz” la consolida como una interlocutora desde la sociedad civil ante las Farc y el gobierno que puede ser útil para futuras gestiones de paz. Y la presencia de Brasil agrega un componente internacional menos problemático que Venezuela y con mayor espacio de maniobra en hipotéticos escenarios de dialogo.

Parecería incomprensible que todo ello ocurra en medio de la escalada militar de las Farc en el Cauca y otras regiones del país. Escalada que no parece espontánea. Parece más bien una campaña militar premeditada y muy bien preparada. Y el mensaje puede ser claro. Las Farc se empeñan en comunicar que no atacarán a los civiles mientras mantienen y elevan el ataque a su enemigo militar. Cierto es que las acciones en el Cauca han afectado a la población civil. Aunque las Farc dirán que son contingencias de la guerra pero que el objetivo de sus acciones es la fuerza pública.

Se siente una actitud distinta de las Farc en la era “Timochenko”. Y no es por su actividad epistolar. Sino por los mensajes que envían, que no constituyen una decisión por la negociación del final de la guerra. Faltaba más. Pero es un intento por recuperar una legitimidad pérdida nacional e internacionalmente. Legitimidad que en los últimos años parecía no importarles. Y ello las pone de nuevo en la órbita de la política, que es un terreno fértil para la paz. Algo es algo, así estemos como “corcho en remolino”, volviendo a las promesas del 84.

@AntonioSanguino