Hace un par de semanas el Consejo de Estado ordenó a la Alcaldía Mayor de Bogotá recuperar el espacio público del centro de la ciudad, y le fijó un plazo de meses al Alcalde para realizar las acciones pertinentes tendientes a la recuperación del espacio público. Como lo señalaba un reconocido medio: “son años los que se han instaurado acciones populares y otro tipo de medidas jurídicas para lograr recuperar el espacio público en ese sector”.


Tal vez no le hubiera puesto mucha atención a esa noticia, sino es porque cada noche cuando llego a Soacha de una jornada de trabajo, antes de atravesar el feísimo y vetusto puente peatonal para cruzar la Autopista Sur (que ahora pintaron de blanco aguado. “aunque la mona se vista de seda…“), lo primero que se aprecia, sobre toda la autopista, puerta de entrada y salida de media Colombia; es su espacio público invadido. Y ojalá, no mirar mucho, porque puede terminar viendo la efectivísima acción de las canteras con nuestros cerros y entonces perdemos la objetividad de este problema tan puntual: el espacio público.

Aquí viene el problema: ¿…de quién es el espacio público? Si fuera por méritos, empezaríamos diciendo que el peatón y el ciudadano merecen transitar por un espacio público libre de obstáculos y estéticamente aceptable. No es posible.

Si es por razones digamos de peso, esta invasión del espacio público se puede argumentar por la falta de opciones de trabajo y de políticas claras destinadas a realizar las acciones tendientes a brindar y organizar a los vendedores que ocupan este vital espacio. Claro que sí, pero también está claro, que los señores vendedores que trabajan en el espacio público, se toman atribuciones más de la cuenta: si no pase por la calle 13 sin tener que hacer maromas y ojalá por accidente no pise o deje caer alguna mercancía. ¿Esta histórica calle principal que nos lleva desde la Autopista a la Alcaldía está demasiado oculta para que las autoridades no se hayan dado cuenta? ¿Es desidia, indolencia, falta de autoridad, ausencia de la misma, o todas las anteriores?
Por otro lado, algunos que cuentan con un local organizado sin ningún problema sacan sus mercancías y las atraviesan sin el menor asomo de vergüenza, como si el andén fuera una extensión de su negocio. Ejemplo, carrera 4 – calle 13, frente a la Autopista, debajo del peatonal, donde pirámides de ollas, estufas y otros artefactos riñen con el peatón, que a su vez debe luchar con las flotas que hacen caso omiso de los avisos de no parquear para ganarse un pequeño espacio en los mini-colectivos repletos que finalmente, entrada la noche nos traen de regreso.

¿A quién corresponde iniciar las acciones tendientes a lograr esta recuperación? Nuestro espacio público no tiene dolientes. No hay leyes que lo organicen, si las hay no se aplican, si se aplican no se cumplen, si se cumplen hay paro, y al punto inicial: el espacio público en Soacha no tiene dolientes.