En el último mes hemos recibido comentarios críticos y duros cuestionamientos al manejo que la dirección de Cultura le está dando a los eventos y concretamente a los grupos artísticos del municipio. Hay inconformismo, malestar y señalamientos por parte de personas y grupos que se sienten atropellados por las políticas excluyentes a la hora de organizar eventos.


Ayer apenas recibimos un comentario que, desde el criterio editorial de Periodismo público, consideramos que vale la pena conocer su contenido, sobre todo cuando se evidencia que efectivamente hay anomalías y que es bueno revisarlas y corregirlas. A continuación publicamos todo el contenido del comentario que llegó a nuestro correo:

«No es de negar que en nuestro municipio hay expresiones artísticas excepcionales, agrupaciones que se han hecho acreedoras de reconocimientos (muchos de ellos fuera del municipio). Sin embargo parece que el apoyo gubernamental se ha centrado únicamente en estos grupos reconocidos.

Sucede que en todos los eventos culturales ya tienen un público y unos artistas determinados (los de siempre), por ejemplo: es respetable e incluso admirable la habilidad de los bailarines de break-dance y cantantes de rap con su verdadero sentido social. ¿Pero esta es la única expresión juvenil cultural de nuestro municipio? ¿Qué pasó con Sua Rock y otras promesas culturales y artísticas para la inclusión social que promueve el municipio?

Sin embargo, el problema no es sólo de la administración municipal; si los promotores de los eventos no se organizan y dejan a un lado sus intereses propios, es difícil conseguir el apoyo económico gubernamental. Así sucedió en Sua Rock, todo iba bien hasta que su organizador principal (quien está en varias bandas de rock) presentó sus propias agrupaciones como finalistas de las eliminatorias, dando razones poco fundamentadas a las otras bandas para justificar su no clasificación. Todo terminó en encuentros (y enfrentamientos agresivos verbales) con la administración, ente que evidenció la poca organización y posteriormente el cierre del presupuesto.

Pero si se evidencia desorganización, ¿Por qué no se asignan personas idóneas para asumir y gestionar verdaderos proyectos culturales de inclusión?

Recientemente otro caso concreto: En el pasado cierre del mes de la juventud realizado el sábado 7 de noviembre se convocó a todos los habitantes del municipio a una muestra artística y cultural que amenizaría la exposición de iniciativas juveniles. Una de las bandas de rock invitadas estuvo presente desde antes de las 10:00 a.m., esperando su turno para presentarse, eran aproximadamente las siete de la noche y la agrupación rockera no se presentaba. Sin embargo las agrupaciones de hip-hop repitieron su presentación, aunque les habían dicho que ya no era posible, uno de los coordinadores del evento subió a tarima, habló con los presentadores y logró que los grupos repitieran su intervención. Así las agrupaciones de rock, como el caso de Arkam y Zerox vieron reducida su presentación a un 30% de todo lo que tenían preparado.

Ocho horas de hip-hop, algunos bailes folclóricos y una hora de rock. ¿Es una muestra cultural? ¿Qué pasó con los grupos de salsa, teatro, tango, capoeira y toda la diversidad artística juvenil de nuestro municipio? ¿Si esto es un espacio pequeño, qué se podrá esperar del festival del Sol y de la Luna?.

No es descabellado reunir en una misma tarima, salsa, rock, hip-hop, gospel, si se cuenta con una adecuada organización».

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