Una corta trayectoria han tenido los talleres de ballet ofrecidos por la dirección de cultura del municipio, y a pesar de que su proceso no es continuo, los jóvenes que lo practican han estado permanentemente motivados para aprender la rigurosa técnica del ballet.


Entre sueños e ilusiones viven las pequeñas niñas que a través de la televisión se ven reflejadas en el futuro como todas una muñequitas bailarinas; este es el principal estímulo que ellas reciben, y pese a su corta edad han tomado la decisión de asistir a los talleres de ballet para hacer realidad su sueño.

Con niños de tres años en adelante empezó el programa de ballet clásico en Soacha en el año 2008; ellos fueron, probaron y se quedaron, ocasionando un impacto positivo y una continuidad en el proceso inicial, donde los pequeños tuvieron la posibilidad de mostrar lo aprendido ante el público espectador del pasado festival Sol y Luna. En el marco del mismo festival se presentó la iniciativa del “primer encuentro de ballet en Soacha ”; en éste evento se tuvo la oportunidad de traer bailarines de Bogotá y contaron con la participación de Adriana Tosi, bailarina de reconocimiento internacional del ballet de Canadá.

El ballet clásico tiene un proceso largo y su formación es muy lenta, se habla de una técnica de la danza que no se aprende por raíz cultural, es decir no es el mismo nivel de aprendizaje del Sanjuanero o de la cumbia, que es folclor nacional y con escuchar sus acordes, afloran los movimientos del cuerpo. En el ballet se requiere un aprendizaje más riguroso, despacioso y difícil. Sin embargo los jóvenes que asisten al programa ensañan con fascinación este delicado y estilizado baile.

Como ya se ha visto y se sabe, el ballet no es un baile exclusivo de mujeres, los hombres también hacen parte de este grupo artístico que requiere una concentración para dominar todo el cuerpo, añadiendo además un entrenamiento en flexibilidad, coordinación y ritmo musical. Lo habitual, aunque no obligatorio, es que se aprenda en una edad temprana, para interiorizar y automatizar movimientos y pasos técnicos; se aconseja asistir a otra actividad complementaria relacionada con el baile para no provocar lesiones y nutrir los movimientos corporales.

“Cuando se decide entregarse a un arte, hay que ser siempre abierto a todas las manifestaciones de la danza, el ballet clásico es la base para todo tipo de danza, pero no quiere decir que no puedan explorar otro tipo de danzas”, explicó la instructora Adriana Leguizamón.

Los talleres tienen una duración de tres clases a la semana, dos horas por sesión, y aunque no es el tiempo apropiado, se trabajan con tres categorías: De 3 a 4 años y medio, a estos pequeñitos se les da una clase lúdica, generándole el amor al ballet; sigue la de 5-7 años, donde el desarrollo físico y psicológico permite el acondicionamiento de un pre-ballet, y los más grandes son desde adolescentes en adelante, quienes se encuentran en el nivel básico. “La idea es apuntarle a que la formación sea permanente, se necesita del apoyo de los padres para que los acompañen, los motiven y les faciliten su indumentaria para practicar las rutinas y cumplan las metas que se proponen”, afirma la instructora Adriana.

El problema que han tenido que enfrentar los jóvenes soachunos amantes del ballet es la falta de recursos económicos para conseguir sus trajes; el anhelo de estos chicos es contar con la ayuda de la empresa privada y poder presentar una puesta en escena a la altura del ballet clásico. Para las presentaciones han utilizado el mismo vestuario con que practican sus rutinas, poniéndose de acuerdo todos con el mismo color de las trusas.

La instructora encargada de orientar todo el proceso de baile, además de ser soachuna y de entregar todo su conocimiento a los jóvenes del municipio, cuenta con una amplia trayectoria; ella empezó a bailar desde los ocho años a nivel de tradición pura con el grupo Amanecer Colombiano, bajo la dirección de Alirio Gamba. Ha estado vinculada con academias de Bogotá y estudió en la Fundación Ballet Jaime Orozco, donde actualmente se desempeña como bailarina profesional y docente, ha complementado sus estudios con danza contemporánea, folclor estilizado, flamenco, ritmos internacionales y ha participado con diferentes compañías de ballet de Colombia.