Daniel Duque tenía 12 años, ocupaba el primer puesto en el colegio, era un líder en su salón de clase y el día del atentado al CAI de Arborizadora Alta, estaba haciendo un mandado.

Daniel Estiven Duque fue víctima de una guerra sin sentido, nada tenía que ver con las diferencias entre el gobierno y los grupos terroristas que siembran miedo y que finalmente perjudican a los inocentes.

Ese día, el sábado 26 de marzo en horas de la noche, la madre de Daniel le pidió que fuera a donde don Gustavo Parra, un conocido de la familia y vecino del sector, quien vive justo frente al CAI de Arborizadora Alta en Bogotá.

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Don Gustavo salió y le recibió el paquete de sudaderas al niño Daniel Estiven Duque y cuando entró a sacar el dinero, ocurrió la explosión. En medio del estruendo y la confusión, el hombre miró y vio al menor agarrado de una reja, pero mal herido y aturdido. Lo auxilió y de inmediato fue trasladado al hospital de Meissen, donde falleció.

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Daniel Estiven Duque era un niño alegre, responsable, un líder. Ocupaba el primer puesto en su salón de clase y se caracterizaba por su liderazgo, no solo en la escuela, sino entre sus amigos.

Según sus familiares, Daniel era apasionado al baile, a pesar de su corta edad, pero tenía claro que su responsabilidad con el estudio era primero.

La noche del domingo, vecinos de esta zona de Ciudad Bolívar se reunieron en el CAI de Arborizadora Alta de Bogotá para orar por Daniel Estiven alrededor de una eucaristía y una velatón convocada por la policía y la comunidad.