Esta es la frase que parece estar de moda a raíz de la última encuesta para presidente de la República realizada por el Centro Nacional de Consultoría. Los resultados muestran un acelerado aumento en la popularidad del candidato del partido verde, Antanas Mockus, un estancamiento en Juan Manuel Santos y un bajonazo en los demás aspirantes.


Me parece que ese resultado es un baldado de agua helada para aquellos que se resisten a creer que hay alguien diferente a Uribe o al mismo Santos que puede gobernar al país, y sobre todo si pertenece a una fórmula que ofrece la posibilidad de cambio real basada en los antecedentes de un “par de profes” que representan al partido del girasol.

No olvidemos que hace mes y medio Mockus no representaba amenaza para nadie. Estaba ahí pero las miradas se inclinaban hacia Santos, Vargas Lleras, talvez a Noemí y pare de contar. Pero la inteligencia del filósofo y matemático de esperar hasta el último momento para conocer los movimientos de Fajardo y antes del cierre de inscripción de candidaturas proponerle una alianza para que éste fuera su fórmula vicepresidencial, para muchos fue la jugada perfecta.

Es cierto que a Fajardo no le fue muy bien en las elecciones de Congreso, pero la lectura hay que hacerla desde otra óptica. Un buen analista político decía que los comicios de senado y cámara son muy diferentes a los de presidente, y parece tener razón. Los dos ex alcaldes, docentes y líderes de sus movimientos acertaron en una alianza que hoy los tiene disputando las elecciones presidenciales, con un favoritismo que crece aceleradamente.

Pero si bien es cierto que tanto Mockus como Fajardo tienen carisma, representan la opinión, han demostrado que pueden gobernar y hoy son la única alternativa para construir en Colombia un verdadera cambio, hay que decir también que la “ola verde” ha sido impulsada por las salidas en falso del presidente Uribe, por no decir que son fruto de las “estupideces” cometidas.

La mayor parte de los colombianos, y hablo de la mayoría, ven con preocupación el cinismo del presidente, sus equivocaciones, su ansia de poder y su afán de seguir gobernando en el cuerpo de otro. Al común del pueblo le preocupa los falsos positivos, la descabellada reforma a la salud, el Agro Ingreso Seguro para los amigos del gobierno y para los ricos del país, la seguridad democrática para ganaderos, petroleras y estratos cinco y seis, el aumento constante y descarado de la gasolina, la concentración de la riqueza, la desaparición de la clase media para dejar un 90% de pobres en todo el territorio, el favorecimiento a los “paras”, el desempleo, las chuzadas a magistrados, el calificativo de terrorista a quien se atreva a hablar mal del gobierno, el aumento del salario mínimo por decreto y la privatización de las empresas…, sólo por nombrar unas poquitas embarradas de quien gobernó por ocho años a esta patria que lo aguanta todo.

Pero bueno. Solo quería recordar que el país vive una de las mayores crisis sociales de su historia y que el presidente Uribe se convirtió en uno de los mejores anestesiólogos de este país, porque tuvo dormido al pueblo durante más de siete años. Sin embargo la justicia cojea pero llega; recordemos que fue la honrable Corte Constitucional la que se atrevió a actuar en derecho y bajo los principios democráticos que supuestamente rigen a nuestra patria le puso el PARE a un presidente que actuaba más como un dictador. Afortunadamente y a buena hora la Corte tomó la mejor decisión para decirle al país que aún hay democracia.

Ah!, pero estábamos hablando era de Mockus. Aclaro que hice el paréntesis de Uribe para recordar que fue él y su aparato político y estatal el culpable del inmenso inconformismo que hoy cobija al país. Fueron sus actuaciones, su soberbia, su orgullo y, repito, su cinismo, los ingredientes que rebosaron la copa de la paciencia característica del pueblo colombiano.

El común del pueblo hoy desconfía de la mayor parte de los candidatos porque ven en ellos el reflejo de la politiquería tradicional. Santos, Noemí, Vargas Lleras y hasta el mismo Pardo pertenecen a movimientos tradicionales y algunos de sus actos han creado barreras frente a los electores.

Para muchos Petro es un buen perfil, pero tiene la sombra del grupo subversivo al que perteneció y hay que reconocer que el Polo no pasa por su mejor momento.

Entonces.. ¿Quien queda?. No por descarte, ni porque los demás candidatos no sean capaces, sino porque la voluntad popular parece estar inclinada hacia una fórmula representada en dos docentes que se atrevieron a hacer política y que hoy se convierten en la alternativa para un país que a gritos pide un cambio. Cero corrupción y politiquería, mayor equidad, una política social más abierta, salida negociada al conflicto pero con firmeza, legalidad democrática, cultura ciudadana y ambiental, sinceridad y buena relación con los países vecinos, son entre otros, los aspectos que la fórmula verde ha promulgado y que parece convencer a los apáticos electores.

Entonces, no es casualidad que Mockus aparezca primero en las encuestas; simplemente obedece a una coyuntura que es consecuencia de las políticas nefastas que se han aplicado últimamente en Colombia, y que la inmensa mayoría busca alternativas para que en el país se construyan posibilidades de cambio y que sus habitantes vuelvan a soñar.

Concluyo afirmando que no estoy diciendo que con Mockus y Fajardo Colombia se va a convertir en un paraíso. No se trata de eso porque los problemas son inmensos y se requiere de tiempo, constancia y compromiso, pero sí considero que en las actuales circunstancias hay que analizar muy bien antes de votar, hay que estudiar todas las posibilidades y pensar en país, en reconstruir el aparato estatal, y sobre todo, en aportar desde la óptica de cada quien, como campesino, empresario, profesional o simplemente como ciudadano de a pie, para hacer una Colombia diferente, un territorio de oportunidades, una nación soberana, y una patria más justa y equitativa.