Cuando hablamos de votos de castigo recordamos que Soacha fue el mejor ejemplo de una elec-ción de este tipo. La elección de José Ernesto Martínez Tarquino se dio en términos del castigo propinado por el electorado a Fernando Ramírez Vázquez, de quien se llegó a hablar como la per-sona que movía y determinaba los candidatos de la alcaldía antes de Jesús Ochoa, otrora Sacerdo-te del municipio.


De nada sirve aquí comentar si la alcaldía de Ernesto Martínez ha sido buena o mala, esa es una discusión difícil de atender, las realidades hablarán por si solas, y para unos y otros se verá buena o mala la gestión, cierto es que no se puede desconocer las denuncias y la destitución temporal con un regreso por cuenta de un vencimiento de términos jurídicos que otra cosa, no somos jue-ces de este hecho, y no vale la pena hablar de eso, no.

Lo que aquí hay que mirar es en esencia lo que significa el voto de castigo, quien fue castigado realmente, aparentemente fue Fernando Ramírez, Por que posiblemente su votación y aceptación dentro de la comunidad soachuna ha declinado, las derrotas sucesivas que se han obtenido tanto Para Gobernación, Alcaldía y Cámara de representantes, la falta de claridad y celeridad en el aval de Cambio Radical, la real salida de Betty Zorro de su grupo Político, han demostrado que el poder político que antaño tuvo ahora está viendo su atardecer. A esto le agregamos que su hermano Jorge Ramírez no obtiene aval de ningún partido, las cosas están más que claras con relación a lo que significa dicho voto de castigo, el juez en este caso ha sido el electorado.

Los candidatos históricos no están en la contienda electoral, no está Oswaldo Córdoba, ni Pachón, ni Rafael Mariño, el voto de castigo a cobrado a las viejas tradiciones políticas.

Hoy la contienda electoral tiene candidatos que aunque no son nuevos en la arena política muni-cipal, ofrecen la idea de que existe aire de renovación, y de juventud. En eso vemos personas co-mo Fernando Escobar, Juan Carlos Nemocón y Juan Carlos Saldarriaga en su segundo intento de alcaldía, Luis Fernando Chía, entre los más sonados para el cargo de burgomaestre. De la misma forma el concejo municipal tiene perspectivas de reemplazo de las tradicionales figuras que ha estado jugando, probablemente sigan algunos, pero parece existir una tendencia al cambio, aquí jugará nuevamente el voto de castigo, aunque no se niega que sea un poco más difícil.

Sin embargo como en el artículo del blog http://www.votebien.com, el elegir mal, el votar sin con-ciencia eligiendo figuras más que programas, determinó el verdadero valor del voto de castigo que golpeó realmente a Soacha y a los mismos electores, lo que nos lleva al lugar común “cada pueblo se merece los gobernantes que elige”.

En esta ocasión el voto no debe ser de castigo, no hay a quien castigar por que los candidatos “nuevos” de Soacha han comprendido que se puede hacer campaña sin amarrarse a las viejas es-tructuras gamonales y que a nadie hay que pedir permiso, y no hay por qué decir “no voto”, por eso a la hora de elegir hay que pensar en las propuestas, en la “realizabilidad” de éstas, para que no nos tengamos que devolver al pasado simplemente por las equivocaciones que se hayan dado en el último gobierno. La política es dinámica y está cambiando en Soacha, por eso creo que la juventud en esta ocasión será determinante en la elección de los y las aspirantes a los diferentes cargos públicos, y la baraja está abierta.