El caserío El Manzano es un asentamiento ubicado en la vereda Panamá, conformado por 70 viviendas que carecen de agua potable, alumbrado, teléfono, gas o redes de alcantarillado. Algunas casas fueron construidas en madera, plástico y en bloque en medio de un bosque y la mayoría de las familias cocinan con leña.

Sus habitantes, quienes en su mayoría prefieren movilizarse a pie, tardan una hora para llegar desde el Parque de Soacha hasta el Manzano o pueden desplazarse en un jeep hasta el barrio Florida parte alta que cobra $800 pesos y caminar después durante 20 minutos. El restaurante comunitario atiende niños y adultos mayores en un pequeño salón; pero no pueden almacenar la carne, los productos lácteos y otros productos perecederos.

Con velas alumbran sus viviendas las familias del caserío El Manzano, porque no cuentan con una red de alumbrado domiciliario que les permita mejorar su calidad de vida. Ahora sus habitantes temen que sus casas sean demolidas por vivir en un terreno ilegal.

“En la Alcaldía nos dicen que no hay presupuesto para la reubicación y nos van a demoler las casas. Espero que podamos reunirnos con el alcalde para mirar a que solución llegamos”, afirmó Francisca Madrigal del comité designado por la comunidad.

“Nos están violando los derechos humanos, a la igualdad y a una vivienda digna. Nos niegan como habitantes del municipio de Soacha porque dicen que somos un asentamiento humano” aseveró Amin Díaz, habitante.

Sus líderes comunales esperan respuesta de la administración municipal respecto a la legalización o reubicación de lo que ellos consideran su barrio. Los habitantes perciben que los focos de atención municipal se han centrado en otras zonas también vulnerables como Cazuca, al ser un sector industrial y Ciudadela Sucre, mientras siguen esperando garantías para tener unas mínimas facilidades de vida, como lo son los servicios públicos domiciliarios.