Durante la fiesta de las Madres es difícil no reflexionar sobre algunos elementos que han configurado el imaginario social alrededor de la Maternidad. Y entonces, aparecen algunas opciones desde las cuales se puede analizar dicho sustantivo; la maternidad podría ser vista como una categorización propia del adoctrinamiento, para la domesticación, en el cual nos vimos abocadas algunas de las mujeres que tocamos este lugar de la tierra; a su vez, se ha constituido como un sector social con un discurso político que recorre distintos lugares de nuestro continente. Por otro lado, la maternidad puede ser concebida como un don, una bendición; un problema (cuando no es deseada) o, un hecho natural, un proceso biológico, neutro, que no pide adjetivos, ni clasificaciones; sencillamente es.


Sin embargo, en nuestro afán por categorizar, segregar y diferenciar, hemos creado una serie de dicotomías y lugares comunes alrededor de la maternidad y su portadora, la mujer. De modo que, construimos seres que se oponen entre sí, cara y sello de una misma especie, y, en la representación social jugamos a ser Madres o Libertinas, Monjas o Putas y, quizás, la más decisiva de todas las dicotomías…hombres o mujeres. Categorías que, relacionadas con la maternidad, incluyen a un sector y expulsan al otro.

Por eso, la fiesta de las madres debería ser una invitación para que todos practiquemos el verbo Maternar, en lugar de delimitar la celebración al sustantivo maternidad…como si sólo fuera una cuestión de mujeres que dan a luz. Maternar es proteger la vida, es la ética del cuidado hacia otros seres humanos y es transformar con amor a la comunidad.

En un país, con el conflicto armando que tiene Colombia, el mes de mayo debería ofrecernos la posibilidad de maternar, independientemente del estado civil, de nuestras posibilidades reproductivas, de la “clase” social y del género que nos atribuyó esta sociedad empecinada en etiquetar, clasificar y excluir. Este mes debe recordarnos que la lucha por la paz, por el amor, por la justicia no debe parar nunca; no es justo seguir trayendo seres humanos al mundo para que alimenten la guerra, para que se enlisten en ejércitos marcados con sangre y odio.

Por esa razón, es preciso recordar a las madres de los hogares comunitarios, que le entregan sus días a niños y niñas beneficiados por el trabajo invisible, mal remunerado y poco valorado de mujeres populares que desde su cotidianidad construyen país silenciosamente. De igual manera, es imposible olvidar a aquellas mujeres fuertes, cuya única arma es su amor y su perseverancia, me refiero a las Madres de la Plaza de mayo en Argentina, quienes llevan 37 años reclamando con fuerza, con las fotos de sus desaparecidos, haciendo presencia y creando memoria; su épica diaria se ha expandido en distintas partes del mundo, en México, en Guatemala, en Cuba, en Estados Unidos, en Bolivia…en distintos países e incluso, en Colombia, en donde las madres levantan la voz por sus hijos, los cuales, sin decidirlo terminaron haciendo parte de un conflicto que ha atravesado la historia de nuestro país.

Estas Madres, dejaron el abrigo de sus casas para salir a la calle a exigir justicia, para enfrentar a los verdugos de sus hijos en las audiencias; ellas se han entrevistado con presidentes, con ministros, con los medios de comunicación, mientras enfrentan con vehemencia a los distintos actores armados del conflicto: ejército, guerrilleros, paramilitares y políticos.

Madres de la Candelaria en Antioquia, Madres de policías y soldados secuestrados. Madres de Soacha, que visibilizaron el horror de un gobierno corrupto y asesino que convirtió a sus hijos en cifras, en licencias, en condecoraciones y recompensas. Estas mujeres le reclaman al Gobierno justicia, reclaman el derecho que la vida les había dado, aquél de ver crecer a sus hijas, hijos y nietos.

El mes de las madres nos invita a recordar aquellos seres que se dedican al cuidado de la vida, de la memoria colectiva, de la protección a los Otros… a meternar, independientemente de los procesos biológicos y de la categorización social que nos han suministrado la comunidad. La cita es para comprometernos con la humanidad, con nosotros mismos.