Desde temprana edad he sentido solidaridad con los desfavorecidos de mi nación con el tiempo y el aprendizaje entendí que el mío es un país excepcionalmente inicuo y violento cuya historia ha sido forjada mediante el despojo y el desconocimiento de las capas más débiles y numerosas de la sociedad, la desazón inicial aunada al entendimiento posterior marcó en mí una personalidad atenta al desarrollo del poder y al trasegar de la historia; siempre estuve al lado de las causas libertarias fuera el que fuera su color y en contra de las manifestaciones violentas sin importar la bandera que enarbolaran sus perpetradores.


Mi participación en causas políticas ha sido activa aunque no siempre electoral, con la irrupción a comienzos de este siglo de la vertiente más violenta de quienes han gobernado esta nación a lo largo de la historia, acoquinado y silencioso presencié la sangre derramada de miles de connacionales y el desgreño de un estado que todos creíamos no podía ser más corrupto ni ir más lejos en su atávica exclusión.

Antanas Mockus coaligó las tendencias de iniciativa ciudadana que propugnan la construcción de nuevas formas de hacer política y ejercer el poder, su figura refrescante irrumpió en las elecciones presidenciales de 2010, renovando el escenario fétido que presentaba el cierre de un gobierno que como lo vivimos y lo están confirmando las múltiples revelaciones a los pánfilos, fue el peor muladar institucional que se haya documentado en nuestra historia, asombroso en su desprecio por las normas y descollante por la violencia desatada, aún en esta República cuyos dirigentes no se han caracterizado precisamente por el respeto de lo público y la defensa de la democracia. A su alrededor y alrededor del Partido Verde explotó una actividad política inusitada en todo el país inusitada por su intensidad e inusitada por su sustrato político. Muchedumbres de ciudadanos inconformes con sus gobernantes y con las formas políticas abarrotaban los puntos verdes que brotaron como girasoles en la geografía nacional, la actividad política de esos ciudadanos entrañó una verdadera novedad por cuanto la gente se reunía de manera espontánea sin el tradicional gancho de las viandas y las libaciones populares, una verdadera fiebre de renovación.

La propuesta política que ofrecía la naciente organización ciudadana de mantener principios de piedra respecto al derecho a la vida, la sostenibilidad ambiental y el buen gobierno, entrañaba la mayor fuerza del movimiento, la nación asustada por la racha de violencia cuyo paradigma y paroxismo fue el doloroso fenómeno de los falsos positivos, creyó encontrar en la nueva propuesta una esperanza para salir del torbellino. Los principios: vida, medio ambiente sano y ciudadanía activa, por generales y razonables calaron profundamente en un amplio sector de la sociedad generando hechos que marcarán el comienzo del siglo XXI en la historia política colombiana. Sensible por naturaleza, virulento por crianza y politizado por formación gozoso me vinculé al Partido Verde a sabiendas de la dificultad que entrañaba obtener un triunfo electoral a las primeras de cambio motivado como la mayoría por la esperanza de comenzar a construir una nueva realidad para los colombianos, creyendo que el Partido representaba un espacio político nuevo, que al fin había llegado el momentum político esperado y truncado ciclícamente durante el devenir de la nación.

Me vinculé activamente difundí y defendí ferreámente el ideario Verde me sumergí en la corta pero interesante historia del Partido en el globo, estudié sus postulados encontrándolos casi a la medida para la reconstrucción de una nación y la forja de una nueva sociedad. En el seno del Partido conocí muchas gentes conmovidas por la posibilidad de renovar el facto institucional mediante el activismo y la proposición, también tempranamente detecté a otros meramente interesados en la posibilidad de tomar el nuevo Partido para sus prácticas no tan nuevas ni tan pulcras, lo que no fue óbice para que continuara aportando a la medida de mis capacidades en la construcción del Colectivo.

Mis características políticas y la fuerza que pongo en mis actos me permitieron avanzar dentro de las estructuras del Partido a nivel regional y proyectarme a nivel nacional, llegué en plena campaña presidencial de 2010 y hoy soy candidato a la Asamblea de Cundinamarca por el Partido Verde en representación de las provincias orientales del departamento. Sé muy bien que dentro de los partidos naturalmente existen vertientes y diversidad de pensamiento soporto estoico la arremetida de los espoliques del ex-presidente inmediato (cuya recordación es tan ingrata) en las estructuras de Cundinamarca, asombrado veo la infiltración de su hueste en todos los niveles organizativos y en todas las divisiones territoriales, acompaño la resistencia y combato a los felones siempre esperanzado en la probidad y la inteligencia de quienes dirigen el Partido.

Sibilinamente las mafias electoreras han infringido un contundente golpe al P.V., considero que la pérdida de Antanas Mockus como nuestro miembro más importante y más igual forjará una cicatriz fundacional en las estructuras y el rumbo político del P.V. en Colombia, así como la Ola Verde marcará el comienzo de las movilizaciones ciudadanas que finalmente revolverán la realidad del poder en la nación. Es una pérdida que el P.V acusará más en lo político-ideológico y a largo plazo, que en lo electoral en el corto. Aún cuando innegablemente el golpe numérico que implica la migración de tantos ciudadanos, que sienten en su personal fuero que el P.V. al tranzar la fracturante alianza de marras les faltó a la confianza otorgada será sentido profundamente, asumo el reto de construir sobre lo construido y de velar la existencia de una continua corriente de pensamiento y opinión que se oponga a los avances de de otras corrientes menos conocedoras de los principios del P.V. en Cundinamarca.

No me asusta la derrota ni me ensoberbece la gloria, luego de la profunda reflexión de varios días desde el aciago suceso que desencadenó la salida de de Antanas Mockus he decidido permanecer en el Partido Verde incitando el camino de la construcción ciudadana, el liderazgo meritorio y el retorno pleno a sus principios. Confío que la profunda capacidad de transformación que entraña el P.V. lo convierte en el futuro de la realidad nacional.

No renuncio al Partido Verde porque jamás renunciaré al sueño de vivir una nación incluyente, justa, digna, en crecimiento y renovada, no renuncio a la utopía. Mantengo el anhelo que en algún momento lograremos construir consensos que redunden en la mejoría de las condiciones actuales que permitan el regreso de tantos y tan valiosos compañeros costreñidos a la diáspora. Me quedo en el P.V. en coherencia con lo que creo y la con certeza de estar haciendo lo correcto, permanezco para seguir soñando junto los que aún creen en esta opción, ayudar a recuperar los descreídos y promover la consolidación del P.V. en el ejercicio del poder por el bienestar de todos.

Gracias mil por todo lo aprendido