Un vasco al que muchos erigirían un momnumento inventó la cama ideal: no hay que tenderla cada mañana porque de eso se encarga ella sola.


Su autor es Ascensio Zubeldia, tiene 56 años, es fresador de profesión, y hace 20 años tuvo la idea de crear un mecanismo que permitiera resolverle un dilema cotidiano: hacer la cama da mucha pereza, pero, ¡qué mala impresión da dejarla desarreglada! “Me pareció que era una buena idea.

Empecé a trabajar en ella hace unos 12 o 13 años. Varios prototipos no funcionaron, pero al final me ha salido”, le dijo Zubeldia a la BBC Mundo. No es que a él mismo le aburriera o le molestara sacudir las sábanas o mullir las almohadas. Según relata, cuenta con el apoyo de su madre, con quien vive, y a quien le gusta ocuparse de las cosas de la casa.

La cama en cuestión es un sistema integral que incluye las sábanas, las almohadas y la funda nórdica, como se llama en España a la colcha, edredón o cobertor.

La funda nórdica está “conectada” por la parte baja a una suerte de brazos mecánicos, que se encargan de estirarla en su lugar, hasta colocarla bajo las almohadas, que están atadas al cabecero y son elevadas por otra pieza mecánica.

La persona puede programar la cama para que se arregle automáticamente, tres segundos después de que se levante, o puede utilizar un control remoto para activar el mecanismo a conveniencia.

El inventor, que en su empleo diario se dedica al mecanizado de piezas para distintas máquinas, dice haber construido por sí solo la “cama inteligente”, a la que ha bautizado como “ohea”, la palabra vasca para cama.

Interrogado sobre si su ohea se adapta a los gustos particulares de quienes prefieren prescindir del edredón o abrazarse a la almohada, Zubeldia llama a los críticos a “actualizarse”.

“A mí me ha preguntado mucha gente, que viene y me dice que no le vale porque duerme con mantas. Yo les digo que las mantas son cosa del pasado. La mayoría de los jóvenes usa funda nórdica, a la que se le pueden poner rellenos según las necesidades de la temporada”, dice.

En cuanto a las almohadas, asegura que el cordón que las une al cabecero es suficientemente largo para dar margen de maniobra al durmiente. Aunque su página web da la impresión de que el producto está listo para ser comercializado, Zubeldia asegura que todavía le falta recorrer un largo camino antes de llegarle a los consumidores a través de compras por internet o en tiendas.

“Les dije a los que me diseñaron la página que se trata sólo de un prototipo, una idea.

Les dije que era una persona que trabajaba en una fresadora, y que me hacía falta financiación, así como alguien que me asesore, porque yo no sé nada de eso”, afirma.

El inventor asegura que armar el prototipo le ha costado mil 550 euros, unos mil 900 dólares, pero que se trata de un precio “que puede bajar al hacerlo en serie”. En este sentido, está hablando con algunas personas que podrían ayudarlo. Aunque, admite, el viento no sopla a favor. “La cosa está muy mala, por la crisis”, recuerda. Pero esto no lo desvela. Algún día, este fresador guipuzcoano aspira a convertir su sueño en una realidad rentable.

Fuente: BBC