He oído algunas opiniones que consideran “exótico” una Consejería Presidencial para Bogotá. Otras voces han sido más virulentas y ven un nuevo complot. Les parece que el Presidente Santos, al crear una Consejería para sus relaciones con la Capital y designar a Gina Parody al frente de ella, quiere establecer un gobierno paralelo. Se han apresurado a recordarnos que “el Alcalde es Petro”. Como si se necesitara decirlo para que la ciudad lo sepa.


Pero razones abundan para la creación de esta Consejería. Que no dependen del desempeño de Petro como Alcalde. La sola necesidad de coordinar las actuaciones propias, que son muchas, del gobierno nacional en la Capital así lo amerita. Programas contra la pobreza como la Red Juntos, la actuación del Icbf o del Sena o el proyecto de renovación urbana en el Centro Administrativo Antonio Nariño merecen un espacio institucional de articulación. Son intervenciones que dependen de la iniciativa del gobierno central y que, si así lo decidiera el Presidente, no necesita de coordinación alguna con el Distrito.

También hay “temas bisagras” entre la nación y la ciudad. Y allí el dialogo es obligado y aconsejable. Proyectos de movilidad como el Metro, el Transmilenio o el Tren de Cercanías son un imposible sin el concurso financiero, y ojalá técnico, de la nación. Lo mismo ocurre con la recuperación del río Bogotá, la protección de los cerros ambientales o el traslado de la explotación mineral fuera del perímetro de la ciudad. Y ni que decir de la gestión de la seguridad ciudadana en el principal centro urbano del país. Y agreguemos un listado adicional de asuntos comunes como las 8000 viviendas de interés prioritario que el gobierno nacional acaba de asignar a la Capital. O la atención y reparación integral de más de 400.000 víctimas de la violencia que viven en ella. O la operación de renovación urbana y la gestión de la zona franca alrededor del aeropuerto internacional Eldorado.

La relación entre Bogotá y la Nación es compleja. Involucra distintas voces y miradas. Muchas veces está acompañada de un entramado de colisiones de funciones y competencias. O de perjudiciales polarizaciones políticas. Y la figura de una Consejería Presidencial no es nueva. Ya se ensayó con relativo éxito en los gobiernos Gaviria y Samper. Ayudó a institucionalizar el diálogo entre el Distrito y la Nación cuando apenas se estrenaba el estatuto orgánico de Bogotá. Que se tradujo en soluciones eficaces. Que ayudó a comprometer a la nación con el modelo de ciudad de los últimos tiempos.

A Gina Parody le corresponde hacer esa mediación. Y seguramente lo hará bien. Tiene la ciudad en la cabeza y el liderazgo para hacerlo eficazmente. Tiene además el talante democrático para construir un escenario de cohabitación política entre el Presidente y el Alcalde. Ella tiene claro que no llega para sustituir a Petro. Pero que le sobra energía para conducir plenamente la acción del gobierno nacional en Bogotá. Para ayudar a recuperar el rumbo que perdimos.