Hay quienes afirman que en Soacha los conductores hacen lo que les venga en gana, que paran donde quieren, que invaden los carriles a su antojo y tratan al pasajero como el trapero viejo de la casa. Y al decir verdad, tienen razón, excepto unos pocos que se preocupan por mejorar la imagen del gremio y de la ciudad.


Desde que se firmó por primera vez el convenio interadministrativo para operar en el corredor Soacha-Bogotá, los dueños de las empresas de transporte y los gerentes se fueron adueñando poco a poco de un negocio que con el tiempo se monopolizó y quedó en manos de personas que sólo les interesa el dinero, descuidando totalmente el servicio.

Pero lo preocupante es que las malas mañas fueron copiadas por los trasportadores locales que prestan el servicio interno en la ciudad. El caos y el desorden priman en las vías de Soacha y lo peor es que cada día las irregularidades son más frecuentes.

En este artículo sólo vamos a concentrarnos en las empresas que prestan el servicio interno y en dos problemas que evidenciamos a diario, pero que hasta ahora a las autoridades les ha quedado grande controlar.

El primero es la constante invasión de los carriles de la denominada paralela, a la altura de Terreros y el puente de Unisur, aunque en este último es donde la tapa se desborda.

En horas pico fácilmente un pasajero que aborde un colectivo se puede demorar 20 minutos en pasar una sola cuadra, debajo del puente que conecta la estación San Mateo, teniendo en cuenta que debe aguantarse toda clase de gritos, ruido, propaganda barata y un mercado persa de comidas, muy sucio por cierto, ya que las autoridades no han sido capaces de controlar este desorden.

Es inaceptable que los conductores no respeten la fila de quienes se orillan a la derecha a recoger pasajeros, sino que lo hagan en el carril central y hasta en el de la izquierda, tapando totalmente el paso para los que vienen movilizándose por la carrera séptima hacia el centro de la ciudad.

Es un atropello el que los señores conductores de las empresas internas, generalmente, comenten con frecuencia y que se ha venido denunciando desde que se habilitó la estación San Mateo de Transmilenio. Sin embargo, ni la Policía, ni la secretaría de Movilidad ni la de Gobierno han prestado atención y el problema se agudiza con el correr de los días.

La grosería, la patanería, la ignorancia y la falta de cultura ciudadana de los que dicen llamarse conductores se impone y a su antojo hacen esperar a quienes quedan atrás, sin derecho a hacerles el reclamo, so pena de escuchar el nombre de la progenitora una y otra vez. Es increíble que la Policía no asigne un agente en las horas pico para poner en cintura a los groseros, incultos e inhumanos conductores.

Y claro. Como no hay autoridad, Soacha se ha convertido en la ciudad del desorden, el caos, la desidia y donde es fácil violar cuanta norma exista porque a las autoridades parece que les quedó grande controlar a quienes piensan que pueden hacer lo que les venga en gana.

El segundo problema, que se origina y repercute en lo mismo, es la no utilización de los paraderos y el estacionamiento constante sobre la alameda de la calle 13. “Valiente bobada haber hecho unos paraderos para que no los utilicen”, dicen algunos al observar los constantes trancones y el caos en la movilidad.

Es inexplicable que en la plena nariz de las autoridades, los conductores paren en la mitad de la alameda, esperan todo el tiempo que quieran sin dejar pasar a nadie, y ni la Policía ni los funcionarios de la Dirección de Transporte actúan. Sólo miremos cuánta distancia hay entre la carrera octava con calle 13 y la estación de la Policía o las oficinas de la Secretaría de Movilidad. Es cuestión de actuar.

Sin ir tan lejos, el problema se resume en dos aspectos: por un lado Soacha está inundada de conductores ignorantes, maleducados, inhumanos y sin el mínimo grado de cultura ciudadana, problemas que son patrocinados por sus empresas por no clasificar bien al personal, y por el otro, que es más grave aún, hay unas autoridades permisivas, pasivas, irresponsables e irrespetuosas con la ciudadanía por no actuar ni cumplir con su deber.

Como dirían algunos, solo tocará que los soachunos se encomienden a la virgen del Carmen para que les ayude a los conductores a entender que lo que prestan es un servicio público y que se puede trabajar y ganar dinero respetando las normas y contribuyendo a que la ciudad sea más ordenada, llamativa y segura.