Muchos de los artículos que llegan a nuestro correo noticias@countcity.com son relacionados con denuncias y quejas de la ciudadanía, pero hay algunos que se escriben bajo la óptica del análisis y la reflexión, y desde nuestro criterio vale la pena publicarlos para que la opinión pública se forme una idea de lo que están pensando los ciudadanos del común.


A continuación publicamos un artículo enviado por David Esguerra, a propósito del tema electoral y de la campaña del candidato verde Antanas Mockus:

La ola verde comienza a amarillear

Por: David Esguerra Tache

Siempre me he preguntado por qué el pueblo colombiano deambula sin poder hallar una coherencia entre lo que siente y lo que piensa; por qué pareciera no racionalizar sus sentimientos y actúa sujeto al concepto mediático, dejando a un lado su realidad y sometiéndose a lo virtual; o por qué tiene tan mala memoria y tan poca capacidad de análisis.

Para que esto no suene a regaño, insulto o blasfemia y antes de entrar en materia frente a la coyuntura electoral del próximo 30 de mayo, quiero preguntar si acaso no es cierto que: mientras nos concentramos en unos noticieros que inician con una guerra fratricida y terminan en una farándula de quienes teniendo con qué, imponen a los que no tienen, sus estilos de vida; que mientras nos embelesamos en telenovelas, realitys y más telenovelas; y mientras nos inculcan en programas de opinión, la opinión que debemos tener, es decir, no la nuestra, sino la de quienes nos la suministran, le han ido perpetrando muchas transformaciones absurdas a la Constitución del 91, la cual apreciábamos por ser una de las mejores del mundo en casi todos los sentidos. Si no es verdad que obedeciendo órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, fuimos perdiendo muchos de los beneficios logrados a fuerza de luchas sociales, de sangre y de sudor; y que especialmente durante la administración Uribe se han ido perdiendo los Derechos Fundamentales y Políticos. Pareciera no importarnos la aplicación del IVA a la canasta familiar, el desmejoramiento de la condición laboral, el desempleo, los altos índices de pobreza o miseria, las nefastas reformas tributarias, a la educación pública y a la salud; pareciera que no nos importara la genuflexión que se asume frente a la defensa de la soberanía y la degradación de la dignidad humana, la cual ha convertido a casi todo un pueblo en mendigo de los programas sociales. Valga la oportunidad para recordar una cruda verdad que Jorge Eliecer Gaitán nos dijo hace algo más de 60 años, esa que ni siquiera su muerte ni la de tantos cientos de miles de colombianos que han buscado la equidad social, nos ha logrado sensibilizar a la hora de escoger a nuestros gobernantes: “El Gobierno colombiano tiene la mano dura para el pueblo y la rodilla blandita para los gringos”.

Ahora sí, como dijo el borracho, retomemos: El domingo catorce de marzo de 2010, cuando Antanas Mockus salió electo como candidato por el Partido Verde, de dónde salió; en dónde se encontraba en estos ocho años en los cuales Colombia vivió una de las peores crisis de valores de toda su historia, con más del cincuenta por ciento de sus mal llamados “Padres de la Patria” tras las rejas, no por delitos contra la Administración Pública, sino incursos en esos llamados de lesa humanidad; personajes que patrocinaron a quienes con motosierras cercenaron la vida de muchos compatriotas.

Dónde estaba cuando se comenzaron a producir unos falsos positivos que anegaban de sangre los campos de este hermoso país con vidas inocentes, para sustentar que se estaba ganando la guerra a la subversión; cuando se fueron aplicando todas esas medidas económicas que van a contravía de la salud social de un territorio con abundancia de riquezas y paradójicamente sumido en la pobreza, con veinte millones de pobres y siete millones de indigentes; dónde se hallaba cuando se dieron los debates sobre las bases norteamericanas en nuestro territorio, las cuales nos colocan en conflicto con los vecinos; cuando se pusieron en evidencia todas las mañas con las cuales se les pagaban favores políticos a los secuaces de este gobierno, mediante el Agro Ingreso Seguro; dónde, cuando se comenzó a destapar la olla podrida del DAS, la cual según cuenta Rafael García, su ex Jefe de Informática, tenía vínculos con el paramilitarismo, con los carteles de la droga y era de conocimiento del mismo Presidente de la República; por qué esa posición tan acomodaticia frente a las chuzadas a que han sido objeto no sólo periodistas, sindicalistas o líderes de diferentes sectores de la sociedad colombiana, sino los Magistrados de la Corte Constitucional. Por qué será que guardó un silencio cómplice mientras liberales y polistas arriesgaban sus vidas denunciando ante la opinión pública tantos desmanes. Por qué será que piensa tanto para expresar sus ideas, de las cuales se arrepiente más rápidamente de lo que dura su maquinación. Será que ya se siente levitando en la Casa de Nariño, que día tras día su prepotencia parece superar a quien creyó que nada ni nadie podía sacarlo de allí. No puedo entender a qué juega cuando demerita a los otros candidatos tratándolos de guerrilleros o corruptos, sabiendo que si llegara a ser cierto que pasa a una segunda vuelta necesita de sus apoyos. Será que todo no es sino una treta para permitir que el candidato del Presidente suba con tranquilidad, una vez le abandonen todos por sus actitudes. No puedo entender cómo alguien que ayer no más decía que si el argumento ajeno superaba el suyo, le daba razón a su oponente, hoy no se atreva a querer dialogar con la guerrilla si llega a ser elegido. Cuando es quizás el mayor desafío que tiene quien llegue al poder en estas elecciones, pues el país no aguanta más esta absurda guerra la cual tiene sus raíces en la concentración de riqueza en pocas manos, es decir en la injusticia social. Estas y otras declaraciones suyas han ido quitándole el color de la esperanza a la ola verde, pudiendo hacer que el 30 de mayo llegue muy débil hasta la orilla. El primer campanazo ya lo recibió el pasado domingo en Soacha al convocar a una concentración de carácter departamental en el Parque Principal y con una asistencia tal, que cualquier aspirante al Concejo Municipal de este municipio, ha sabido superar.

Otro de mis dilemas es: qué pasó con Luís Eduardo Garzón, aquel muchachito que creció sin un padre al lado en medio de las penurias padecidas por su señora madre cuando les tocaba tutearse con la pobreza. Pareciera que su disgusto con las directivas del Polo Democrático Alternativo, no fuera sino la excusa para distanciarse de los pobres de este país. No creo que ignore el lugar en donde ahora se halla, en el cual se le ve y se le siente relegado, como si le estuviesen pasando la factura por el compromiso social que asumió cuando subió a la Alcaldía de Bogotá. Lucho, yo sé que tu encrucijada por las noches es superior a la de quien hace unos meses, no supo dar el paso a un lado cuando tenía que darlo. Tú estás a tiempo, pasa a la historia con altura, que te recuerden no por bajar tu cerviz ante quienes representan los monopolios capitalistas tanto nacionales como extranjeros, sino porque hasta el último minuto de su vida estuviste luchando al lado de los más necesitados. Reivindícate. Si no quieres volver hasta las filas del Polo, a sabiendas que hay mucha más coherencia e identificación con tus ideales allí; y que tanto tú, como el candidato de ese partido son mucho más consecuentes con la realidad actual, entonces fija una posición que te permita salvar tu dignidad.

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