Recientemente un educador del municipio envió a nuestro correo un artículo titulado «Un pueblo ignorante es un pueblo sumiso», acompañado de la fábula de Fontaine: Los animales con peste. Pues bien; para la época electoral nos parece un escrito apropiado que todos deberíamos tener en cuenta.


Un pueblo ignorante es un pueblo sumiso

Por Constitución y Ley, el estudio y práctica de la DEMOCRACIA PARTICIPATIVA no solo debe ser obligatoria sino de convicción, para cumplir con una “Educación para la justicia, la paz, la democracia, la solidaridad, la confraternidad, el cooperativismo y, en general, la formación en valores humanos…”, con la fortaleza que exalta el preámbulo de nuestra carta magna. Las instituciones educativas comprometidas enseñamos y hacemos que por medio del Gobierno Escolar, integrado a sus PEI, se llegue al QUERER SER del país que queremos en valores, principios y reglas en un Estado de derecho como el nuestro.

Lo anterior para decir, que el querer ser de país que queremos, está lejos y lo estará mientras se camine en contravía del bien común, se pisotee al otro, se le humille… y sólo se piense en el bienestar personal. Los casos resaltan a la vista.

Llegan las contiendas electorales y vuelven los pobres a estar de moda en los discursos demagógicos de los políticos y como por arte de magia tienen la solución para cada problema de salud, vivienda, seguridad, educación, empleo… mientras consiguen sus votos, claro está. Ya en sus curulitos, los proyectos de campaña pierden vigencia y el problema son los pobres, no el problema de los pobres. Es un gobierno enfermo del que poco hay que aprender y enseñar a esta juventud que se levanta ansiosa de cambio y ejemplo de vida.

Ante el imperante método cinista que desarrollan nuestros “jefes”, encuentren ustedes el parecido con nuestra realidad suachuna a la luz de esta hermosa fábula de la Fontaine. Ojalá su moraleja, si existe para ustedes señores gobernantes y candidatos les sirva para su reflexión.

LOS ANIMALES CON PESTE

En los montes, los valles y collados,
de animales poblados,
se introdujo la peste de tal modo,
que en un momento lo inficiona todo.

Allí donde su corte el león tenía,
mirando cada día
las cacerías, luchas y carreras
de mansos brutos y de bestias fieras,
se veían los campos ya cubiertos
de enfermos miserables y de muertos.

«Mis amados hermanos»,
exclamó el triste rey, «mis cortesanos,
ya veis que el justo cielo nos obliga
a implorar su piedad, pues nos castiga
con tan horrenda plaga;
tal vez se aplacará con que se le haga
sacrificio de aquel más delincuente,
y muera el pecador, no el inocente.

Cada cual examine su conciencia
Sin falsa adulación, sin negligencia.
Confiese a todo el mundo su pecado.

Y yo primero acusaré contricto
que, siguiendo sin freno mi apetito,
Yo cruel, sanguinario, he devorado
inocentes corderos,
ya vacas, ya terneros,
y he sido, a fuerza de delito tanto,
de la selva terror, del bosque espanto».

También mate pastores.
Si fuere el responsable
No será justo, no, que yo rehúse
Ofrecerme cual victima propicia.
Empero es deseable
Que cada uno como yo se acuse:
Que es de estricta justicia
Que tan solo parezca el más culpable.

«Señor», dijo la zorra, «en todo eso
no se halla más exceso
que el de vuestra bondad, pues que se digna
de teñir en la sangre ruin, indigna,
de los viles cornudos animales
los sacros dientes y las uñas reales».
Devorar los estúpidos corderos
es acaso pecado?

No… debieran más agradeceros
El honor especial que les hicisteis
Pues en manjar real los convertisteis.
Respecto a los pastores….
No sostienen quimérico dominio
Sobre pobres, sencillos animales?
Son por esa razón merecedores
de tal exterminio.
Al terminar el zorro, aduladores
astutos aplaudieron.

Allí del tigre, de la onza y oso
se oyeron confesiones
de robos y de muertes a millones;
mas entre la grandeza, sin lisonja,
pasaron por escrúpulos de monja.

El asno, sin embargo, muy confuso,
prorrumpió: «Yo me acuso
que al pasar por el prado de unos monjes….
el hambre que sentía,
la ocasión y la hierba que invitaba …
tal vez algún demonio allí escondido
que ha infringir los deberes me incitaba,
(no es que yo quiera disculpar el hecho
porque fue sin derecho)
Unas maticas trasquile del prado:
Más fue solo un bocado”….

“Es él; no hay duda; es él, el responsable”.
Sin dejarlo acabar todos clamaron.
Y un lobo algo erudito
probó que ese maldito
animal, vil, sarnoso.
fue él que provoco horroroso flagelo
con su enorme delito.

Comer la hierba ajena!
Qué crimen más atroz! Solo la muerte
era de tal acción con digna pena…
y hubo el pobre asno de aceptar su suerte …
Según que poderoso o miserable
seas, si eres juzgado,
te harán parecer justo o culpable.