En una de esas noches de insomnio que todos tenemos alguna vez en nuestra vida, nos dedicamos a pasar el tiempo, a escuchar la radio y, en un momento determinado, el locutor de la emisora de nuestra preferencia, dijo algo que no es nuevo, pero que en la casi soledad de la noche sonaba muy bien: “Hoy es el primer día del resto de mi vida.”Lo dijo, creemos, para que se meditase sobre lo que significa y, a continuación, hizo sonar una magnífica melodía de esas que llegan directamente al alma. Y como somos muy obedientes, nos pusimos a meditar.


La verdad es que fue todo un mensaje de optimismo. Mirar el pasado no vale para nada. Si acaso, para enmendar errores del presente y evitarlos en el futuro, en base a la experiencia que los hechos ocurridos nos proporcionan. Pero lo realmente hermoso es creer que la vida empieza en ese mismo instante, en ese día que marca el comienzo de nuestra existencia.

Es como creer que tenemos toda una vida para realizar nuestros sueños, para conseguir aquello que siempre hemos anhelado, para ser como realmente nos gustaría haber sido en esta otra vida anterior, que hemos recorrido hasta el momento de pensar en el punto de arranque que se nos proponía. Vida que, en muchas ocasiones, hemos dilapidado. Ha sido un mensaje optimista que llenó de frescura la noche, después que de Colombia solo se sabe de amenazas, renuncias condenas y pésimos gobiernos locales. Y pensando en el punto de arranque que nos proponía el mensaje del locutor de la emisora que escuchábamos, nos vino a la mente lo que siempre queríamos que fuese nuestra tierra soachuna: Una ciudad hermosa llena de escuelas, colegios y universidades para todos y, sobre todo, paz y tranquilidad permanente, sin la inseguridad que día y noche se padece.

Además, con funcionarios todos idóneos, para el cargo que se les asigna. Con trabajo suficiente para todos, pero fundamentalmente una ciudad culta, como ocurre en el más humilde pueblo de este hermoso país español, donde nos encontramos. Sin persecuciones de ningún orden y libres de mendigos, atracadores, ladrones, maleantes y vendedores de droga que muchos no ven, pero que todos conocen. Pero, oh ilusión. Estábamos ya, tal vez, un poco dormidos y nos dijimos para nuestros adentros: Para quién estamos pensando? Estamos en Europa y nuestra querida tierra, en lo que despiadadamente denominan “el tercer mundo”. Y allí se gobierna con ese malsano criterio. Allí los funcionarios se designan por los votos que alguna vez aportaron. Y, en la mayoría de los casos, para designarlos, no se les indaga sobre dónde estudió y cuál es su profesión, sino a qué grupo político pertenece y cuántos votos consiguió en las últimas elecciones. Y así, entonces, no puede haber progreso ni cultura, pues ésta seguirá siendo la cultura de las famosas empanadas, y la incapacidad será siempre manifiesta, pues es más importante el jugoso contrato que se firma y los cargos que se dan para la familia y los amigos, y la capacidad y la cultura que supuestamente se coloca en sus manos para dirigirla, importa un bledo.

Así, amigos soachunos, lo único que ese funcionario hará cada quince días, eso sí con absoluta complacencia, será firmar el cheque y mandarlo consignar inmediatamente en el Banco donde tiene la cuenta, precisamente, el más cercano a la Oficina, porque hay que conseguir el canje rápido para satisfacer las múltiples obligaciones contraídas.

La única reflexión que nos hicimos a las cuatro de la mañana, fue que perdimos la noche sin dormir debidamente, y que mi pueblo seguirá casi con los mismos problemas de antaño, y con la cultura a la altura de los pies, aunque afortunadamente, hay jóvenes que vienen pensando diferente y representan así la posibilidad de un cambio que de inmediato se debe digerir. Sentimos también la cercanía del mes de octubre, para que los elegidos sean lo mejor de la cosecha y así dejemos a un lado la ambición política sin causa, y para que muchos de los que ahora están, se vayan aunque les vaya bien.

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