Por Andrés Mauricio Reyes Ospina

El Primero de Mayo es un día que no puede pasar desapercibido en el mundo. Ante la situación actual por la que pasa la humanidad a razón del Covid-19, los sindicatos y movimientos sociales han tenido que reeditarse para contarle a la ciudadanía la vigencia actual de la lucha de los trabajadores.

Esta pandemia ha puesto en evidencia las debilidades del modo de producción a nivel mundial, una de ellas consisten en la falta de garantías que tienen los trabajadores particularmente en Colombia donde han tenido que cargar con el peso más grande de la crisis provocada por el virus, pues las empresas han tomado decisiones como: terminación de contratos, vacaciones no remuneradas y reducciones salariales, para tratar de mantenerse; mientras por otro lado el gobierno orienta las “ayudas” financieras para las PYMES a través de los bancos.

En este sentido los  bancos  son los únicos que se están viendo beneficiados, ya que son los que valoran a quién se le presta y a quién no, jugando con los pequeños y medianos empresarios, pero fundamentalmente arriesgando el futuro de quienes producen la riqueza, “los trabajadores”.

Mientras que esto sucede, líderes sociales y sindicalistas siguen siendo objeto de persecución por parte de sectores oscuros que pretenden callar la opinión de quienes se atreven a levantar la voz, a través de métodos de intimidación, alimentando el miedo como la mejor arma para anular la acción de quienes salen a las calles.

Nuestro país venía en una acción movilizadora constante, las diferentes formas de expresión por parte de los estudiantes y la reacción del pueblo en general haciendo sonar las cacerolas, son el producto de una inconformidad hacia una política que viene agrandando las desigualdades como nunca antes en la historia de Colombia.

Los constantes decretos con fuerza de Ley que se están sacando actualmente, poco a poco van a concluir en sustentar las reformas, laboral y pensional que con tanta vehemencia dijeron no aprobarían, y con ello una vez más los únicos en recibir las consecuencias serán los trabajadores.

El futuro que nos espera, es de movilización constante y denuncia, el pueblo no va poder seguir aguantando, al final las malas decisiones de este gobierno van a pasar factura y es el pueblo quien va a levantarse para exigir mejoras, como las que alcanzaron los mártires de Chicago con su acción colectiva.