Un artículo de opinión enviado a nuestro correo nos llamó la atención sobre la forma cómo su autor concibe los procesos electorales en el municipio, más cuando casi todos los que aspiran a Senado y Cámara ven a Soacha como el gran ponqué para sacar tajada.


RAPIÑA ELECTORAL EN UNA TIERRA SIN DUEÑOS

Se avecina una nueva contienda electoral y tendremos la oportunidad de ver en vivo y en directo a los hipotéticos padres de la patria, aquellos que en esta ocasión conocen a todos y estrechan la mano muy cálidamente y que cuando están en sus curules por su ajetreada agenda poco se acuerdan de las comunidades que los eligieron como las que habitan el municipio de Soacha.

Por estos próximos días se oirán todo tipo y estilo de discursos prometiendo soluciones y compromisos tangenciales, como que por fin desde la próxima vigencia se pasarán iniciativas al gobierno nacional para que de una vez por todas se empiecen a dar soluciones a los problemas estructurales de este maltrecho y estigmatizado municipio por la corrupción de sus gobernantes, por ser el refugio de la delincuencia común y nido de los grupos al margen de la ley, por ser el destino preferido de gran parte de los compatriotas desplazados por el accionar de los anteriormente mencionados y por la pobreza de las distintas regiones del País, por ser el lumpen y patio trasero de la Capital, sitio que por desgracia tienen que pasar por carretera los dueños de las fincas y casa quintas al sur del Departamento por su caótica movilidad, entre otras incómodas percepciones de nuestros vecinos. En esta oportunidad todos se atribuirán la gestión del macro proyectó del Transmilenio, la del Colector Norte, el incremento del programa de Familias en Acción, etc., es decir empezarán a cobrar lo que no se les debe.

En un Municipio como el nuestro, con 400 mil habitantes y de estos tan solo el 17% son raizales, en donde el 80% pertenecen al nivel socioeconómico 1 y 2, en donde el empleo informal sin seguridad social asiste al 37% de la población, en donde el desempleo está por encima del indicador nacional, en donde más del 50% de los 120 mil jóvenes que habitan en este terruño, carecen de oportunidades de empleo y posibilidades de educación superior, entre otros nubarrones grises, el sentido de pertenencia y la cultura ciudadana se desconocen, situación que aprovechan los ilustrados políticos para atacar por la parte más débil y endulzar de muy prometedoras esperanzas de solución a sus problemas.

De lo que sí estamos seguros es que en nuestro Municipio hay un gran capital humano, que tan pronto despierte y racionalice el costo beneficio de entregarle el voto a quienes con toda certeza en pocos meses no se acordarán de ese líder que lleno de esperanza contribuyó en el logro de su objetivo político o que muy habilidosamente lo sacará de tacada en cada entrevista. Entonces determinará que no puede premiar a quienes han participado con el deterioro de la calidad de vida de la clase trabajadora como en el caso del paupérrimo incremento salarial, la disminución de las horas extras nocturnas con el pretexto de incrementar el empleo, o a quienes en manguala entregan el capital que le pertenece a los agricultores pobres a los ricos del país, o a los cínicos que se entregan para votar y violentar la Constitución Política de Colombia y perpetuar en el poder a un mesías que les ofrece garantías para satisfacer su interés personal sin impórtales el colectivo.

Con respecto a lo local debemos poner en la balanza y pensar, que si nos unimos perfectamente colocaremos hasta tres representantes, pero si seguimos con la tendencia del gobierno local de desconocer la capacidad del profesional soachuno muy seguramente vamos a seguir lamentándolo, hoy tenemos tan solo dos opciones realmente de nuestras entrañas, de los cuales uno ya ha tenido la oportunidad de ocupar estos altos estrados y el otro muy humilde, pero con capacidades y ganas de demostrar como se pelea con creatividad por sus comunidades.

Es posible que aparezcan otras opciones, pero ojo, apoyemos lo nuestro y que en un futuro me tenga que comer el título de este artículo. ¡Por fin aparecieron los dueños!

Luis Alfredo Chía González