Reminiscencias XIII

He venido reseñando costumbres de mi tierra que, algunas han perdurado desde siempre, y así es absolutamente justo reseñar una más que ha sido la insignia, señal y fama de una industria casera que no ha de terminar jamás.


Me refiero a la que ha sido manejada siempre por mujeres, llegando a significar la constancia para mantener viva y hoy mucho más que centenaria esta dura tarea, curiosamente llamada “el amasijo”.

Han sido sus ejecutoras, abuelas, madres, hijas y nietas, que iniciaron y terminaron sus vidas no solamente como testigos fieles de su éxito, sino con el inmenso orgullo de mostrar a propios y extraños el patrimonio que lograron a través de generaciones de trabajo constante.

Señalo aquí a las almojábanas, rellenas y garullas que han sido durante más de un siglo el pan vivir de la tierra que los vio nacer y ha permitido degustar el afortunado producto de un puñado de gentes que con ello agradó el paladar de miles de propios y extraños, no solo en Soacha, sino en Colombia y hasta en España, de lo que a mí me consta, porque es recomendación especial en todo sitio donde haya un soachuno que sienta de verdad el amor por su tierra.

Entonces debo empezar recordando a María Helena Escobar, gran mujer, mejor madre, hermana y abuela, quien sobre la calle 13, al lado de la hoy Estación de Policía, levantó su hogar y a su numerosa familia, y fue la mejor exponente de este producto que se ha vendido en su casa, en las casetas de la plaza, en Bogotá y en El dorado, todo con la exquisitez de su elaboración y el cariño de madre para todos sus clientes. Desgraciadamente, como todo lo bueno, falleció hace años, pero dejó a sus hijos la tarea de seguir su ejemplo y la receta del mejor producto de la tierra, el que se solicita, por lo menos en mi caso, cuando alguien llega de visita a tierra española, siendo así el más preciado regalo a la familia, o también, en el caso de viaje a la tierra del autor de estas Reminiscencias.

También se dedicaron a esta misma actividad, Hermelinda Galarza de Garibello, a cien metros de la anterior, sobre la carera 8ª, esposa de Tomás Garibello, de quien dimos cuenta en alguna Reminiscencia anterior, por sus dotes de magnífico cocinero y mejor cantante.

María Salustiana Escobar de Prieto, mejor conocida por todo Soacha como María Pun Pun, apodo este de quien nadie da cuenta de su origen, negocio ubicado al frente de la anterior referida, a quien cariñosamente llamaban Milicar. Y aquí cabe una simpática historia.
Bien saben todos los viejos soachunos que en aquel pueblito de entonces no existía nomenclatura alguna y para buscar cualquier sitio del área urbana se le decía a quien lo necesitara, que estaba por ejemplo, al lado de la Alcaldía o a la vuelta de la iglesia, etc .

Un domingo en las horas de la tarde transitaban por la hoy carrera 7ª hacia el sector del Barrio San Luis, Chepe Sánchez y Eduardo Garibello, hijo de Hermelinda, más conocido como Tío Pelado, y como no existía la autopista, los vehículos y peatones transitaban por aquella vía y desgraciadamente uno de éstos atropelló a Eduardo. En el mismo automotor se transportó a un hospital de Bogotá al lesionado, a quien acompañaba Chepe. Al llegar, como era natural, preguntaron a Chepe el nombre del lesionado y la dirección de su residencia y éste dijo que los hechos habían ocurrido en Soacha, pero se le insistió varias veces por la ubicación exacta, con número y calle de su casa. Chepe respondía que a la vuelta de la Alcaldía y que no sabía más. Como la empleada del hospital insistía por la dirección exacta, Chepe no tuvo otra alternativa que decirle que el herido vivía al frente de donde Pun Pun.

María Josefa Escobar de Sánchez, esposa de Pablo Emilio, de quien también me referí en otra Reminiscencia, por su famosa canción de los pendientes, con los magníficos músicos soachunos, Ubicó su negocio en la Plaza principal, carrera 8ª entre calles 12 y 13.

María Luisa Monroy, a quien cariñosamente le llamaban Viejita, con su negocio en la esquina de la carrera 8ª con calle 12, muy cerca de la Dirección de Tránsito actual, heredó su negocio a su hija Victoria Monroy. Esta señora se casó en primeras nupcias con Juan Francisco Franco Quijano, conocido y brillante abogado de la época, hijo de madre colombiana y padre de Venezuela, en donde estuvo vinculado a la alta política y desgraciadamente, al secuestro del General Carlos Delgado Chalbaud, Presidente de la Junta Militar de Gobierno de ese entones, porque el citado militar fue hallado muerto de un disparo en una casa desocupada que pertenecía a Franco, y aunque éste llegó allí, solo lo hizo para pedir a los secuestradores que no lo implicaran a él. Volvió entonces a Colombia y años después regresó a Venezuela en donde se le juzgó por los hechos citados atrás, pero el juicio concluyó porque la acción se hallaba prescrita. (Crónica de Roberto Lovera del 16 de noviembre de 2.010 en Analítica.com).

María Helena Rodríguez de Gómez, en la calle 12ª con carrera 9ª, quien contó siempre con la colaboración de sus hijos, sobrinos, nietos, su cuñada Sofía y se entendían con el horno su esposo Nano o su hijo Alfonso, desgraciadamente desaparecido. Ha sido esta familia tan estimada como la de María Helena Escobar y sus productos tan extraordinarios como los de aquella. En el mismo sitio, su hijo Gerardo estableció un negocio tan dulce como su nombre. “La Gata golosa” la magnífica obra de Fulgencio García, que tanto vínculo tuvo con Soacha y en donde están sus nietos y bisnietos. Precisamente los hijos de María Helena son primos hermanos de los citados atrás.

María Sánchez, con su negocio en el sector del Puente, calle 11 entre carreras 7ª y 8ª y su hija Graciela, quien siguió la tradición de su señora madre desde hace algunos años, cuando su progenitora perdió la vista, pero en realidad esto no impidió que continuara un tiempo más en su vieja actividad, manejando a la perfección todos los utensilios y productos necesarios para continuar con su industria. Desgraciadamente también falleció, como su hija Rosa, hace varios años. Cariñosamente se le conoció como María Rusia, sabrá Dios por qué.

Valga la oportunidad para consignar aquí otro dulce negocio que ha deleitado a miles de soachunos y visitantes de mi tierra. Los produce Chavita Gómez desde hace muchos años y forman parte de la tradición y complemento de algunas comidas, a manera de postre.

Recuerden las famosas brevas con arequipe, que también se despachan a todas partes del país y del extranjero, y que se colocan en las listas de cosas a llevar cuando alguien viene a su tierra, agregándole, además, panuchas y arequipes. Dulces golosinas que han nacido de las dulces manos de Chavita, como cariñosamente se le llama y que han hecho dulce, también, la amarga vida de muchas gentes de mi lejana tierra. Aquí debe decírsele a quienes hemos señalado y a sus herederos, gracias por mantener viva las nobles tradiciones de Soacha.

JOSE IGNACIO GALARZA M .

joseignaciogalarza@yahoo.es

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