Me voy a permitir iniciar esta segunda reflexión en torno a la problemática de Soacha citando a los amables lectores de www.periodismopublico.com la definición de espacio publico extraída de la pagina de wikipedia, que por su sencillez y claridad, le permitirá a los ciudadanos comprender su valor y significado, el cual como parece ser, todavía no lo ha sido por las autoridades de ninguna administración local a lo largo de los últimos 10 años.


Espacio Público: “es el lugar donde cualquier persona tiene derecho a circular (libremente), es aquel espacio de propiedad pública, de dominio y uso público.
Jurídicamente podemos definirlo como el espacio sometido a una regulación específica (uso) por parte de la administración pública… que posee la facultad de dominio del suelo, que garantiza su accesibilidad a todos los ciudadanos y fija las condiciones de su utilización y de instalación de actividades.

Cuál raizal o hijo adoptivo de Soacha no recuerda con nostalgia y pesar la calle 13 como espacio público de tránsito vehicular y peatonal insigna del municipio, donde en el pasado funcionaron instituciones culturales y sociales como el Colegio Bolívar, el Club Social y Deportivo Tequendama, la Estación del Ferrocarril, en fin, célebres lugares como la Funeraria Heredia, la Fabrica de Cartón, la Caja Agraria o la Subestación Eléctrica, donde por cuyas calles transcurría con natural ritmo la vida cotidiana de los habitantes del municipio?
En contraste, hoy ese espacio público vital es un simple y nostálgico recuerdo nada más para los raizales y residentes más antiguos. Hoy impera el desorden, el caos, la inseguridad y la apropiación arbitraria del espacio.

Este lugar que comunicaba el centro del municipio con los incipientes barrios que comenzaban a constituirse en lo que hoy es la comuna 6 a fines del siglo pasado, sólo ha reflejado la ausencia total de identidad y el más elemental sentido de pertenencia de gran parte de su clase dirigente, al permitir que en pocos años el lugar se haya convertido en el más desordenado del municipio, donde se disputa centímetro a centímetro la lucha por su control entre algunos ciudadanos, que además de no tener ningún vínculo con el municipio, usufructúan para su beneficio este espacio con la mirada indiferente y en no pocas ocasiones, cómplice de las autoridades.

Pero no sólo ha habido indiferencia y complicidad por parte de las autoridades; también esa problemática se tornó más compleja por la complicidad de la clase política, la cual finalmente lo único que ha hecho es lucrarse electoralmente al tener a toda la informalidad del comercio como votos cautivos, cuando paradójicamente su obligación debe ser legislar sobre el uso del suelo y reflexionar en torno a las soluciones más apropiadas a esta problemática.

La decisión por parte de la administración de Darío Cabra en 2003 de desarrollar o construir una alameda o un eje ambiental en la calle 13 para los ciudadanos, un lugar de interacción y de encuentros, iluminado y con equipamiento para que sirviera de escenario de comunicación y de intercambio de saberes, historias, leyendas y recuerdos, es decir un espacio que permitiera reconstruir la identidad y la pertenecía con lo local, paradójicamente también nosotros con nuestra indiferencia permitimos que paulatinamente este espacio se tornará en un escenario sin control y sin regulación.

Que se sepa, desde el final de la inconclusa administración del alcalde Carlos Bello Bonilla, se llevaron a cabo algunos esfuerzos e intentos de parte del concejal Marco Fidel Torres por reubicar a los vendedores informales sin mayores resultados, pero el espacio sería nuevamente invadido, ocupado y sobre todo apropiado durante la administración de Jesús Ochoa Sánchez, continuando todos los informales y sus familias, siendo objeto de promesas en épocas electorales donde se les ofrecía lo divino y lo humano. Hoy parece ser que su suerte es la misma de entonces.

Indagando sobre las acciones que el actual gobierno ha realizado en la búsqueda de soluciones a este crítico problema, la dirección de Desarrollo Económico, adscrita a la Secretaría de Planeación, señalaba que el problema de la invasión del espacio público en varios puntos de Soacha es producto de diversos y complejos factores que lo generan y que van desde los altos niveles de desempleo, el desplazamiento y la baja calificación de la mano de obra, hasta la influencia que sobre el espacio público ejercen grupos que prácticamente tienen el control del mismo.

La gestión adelantada por la dirección de Desarrollo Económico, que va desde un censo realizado para establecer su cantidad (476) y las características de la población vinculada al comercio informal hasta múltiples acciones adelantadas con otras instancias de la administración consistentes en la ejecución de programas de capacitación en emprendimiento, capacitación para el empleo, diversas propuestas de reubicación en condiciones de dignidad, ferias de servicios; también se han llevado a cabo acciones y programas dirigidos a incluir en el régimen subsidiado la salud de los grupos familiares de los vendedores informales, atención al adulto mayor, programas de capacitación en procesos de organización gremial donde se han explicado las ventajas y beneficios derivados del trabajo colectivo. No obstante los esfuerzos institucionales, todo parece ser hasta ahora estéril e infructuoso, y como si todo eso fuero poco, los vendedores informales manifiestan que “no han sido escuchados por ningún gobierno”.

Marco Fidel Marentes, líder del gremio del comercio local, manifestaba que a pesar de su gestión para llevar asesoría de Bancoldex por ejemplo y otras entidades gubernamentales, el mensaje no ha calado entre los vendedores informales, tanto más cuanto que la falta de autoridad de la policía y de la administración para restringir la invasión del espacio y la vías deja mucho que desear. Como si esto fuera poco, muchos vendedores informales llegan en trasporte público o en costosos vehículos a ofrecer sus mercancías y productos, dejándole al municipio sólo la basura y el desorden, producto de su actividad. El líder manifestó que a pesar de haber presentado al actual gobierno varios proyectos que contemplan la reubicación de los vendedores, la organización de mercados y ventas móviles en todas las comunas, no ha tenido respuesta alguna al respecto.

En criterio del líder de los comerciantes, se hace necesario que la búsqueda de soluciones dignas y efectivas, pasa necesariamente por el nombramiento por parte de la administración de un negociador con perfil y conocimiento del problema, que tenga capacidad de convocatoria porque desde el punto de vista del líder del gremio de los comerciantes “la invasión del espacio público no es invasión sino que fundamentalmente es un problema social” , lo cual no deja de ser una verdad evidente, frente al cual las anteriores administraciones hicieron lo del gato, y la presente sin rubor alguno ha hecho lo del avestruz frente a este problema que día a día adquiere nuevas y más graves dimensiones.