Bastó con una hora para que Colombia y el mundo se dieran cuenta del desastre de gobiernos que ha tenido el municipio de Soacha, sobre todo en materia de planeación de infraestructura y redes de servicios públicos. Es imposible tapar tantos vacíos que tiene la ciudad, sobre todo en redes de alcantarillado, que reflejan la miopía de los anteriores alcaldes al no prever que lo que gobernaban era una población que crecía aceleradamente.


Pero los problemas de Soacha no son de cien o doscientos años como dice mucha gente. Recordemos que fue pasando el año 1.970 cuando la ciudad comenzó a crecer vertiginosamente, específicamente cuando la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá inició a prestar su servicio en el municipio. Así las cosas, no podemos echarle el agua sucia a la historia; fueron los mandatarios de los últimos 35 años los que no quisieron planear un desarrollo ordenado y acorde con el pueblo de aquel entonces, porque Soacha era famosa, no solo por su comida, sino por sus paisajes, sus lagunas y su orden territorial.

Lamentablemente los denominados líderes políticos, que dizque sacaban la cara por el municipio, se dedicaron a embolsillarse parte del presupuesto, a pagar favores políticos y a fortalecer su fortín mediante el engaño y la mentira, trayendo como consecuencia lo que hoy evidenciamos quienes vivimos en esta desordenada urbe.

No es un secreto decirlo ante la opinión ciudadana que durante años anteriores las secretarías de Planeación y Obras Públicas, no servían ni de adorno. La primera era el centro de la corrupción administrativa que se prestaba para otorgar permisos de construcción sin tener en cuenta los requisitos mínimos que se exigen a la hora de aprobar proyectos de vivienda (papel que hoy hacen las curadurías). Como complemento, la segunda era el canal para pagar favores a los líderes comunales, a través de la construcción mediocre y obsoleta de alcantarillados comunitarios que solucionaban el problema sólo a unas cuantas casas. Este último fue el mecanismo principal durante muchos años para el fortalecimiento del potencial electoral de unos pocos candidatos, es decir había un matrimonio perfecto pero dañino, entre administración y Juntas de Acción Comunal.

Lo que talvez nunca se previó, o seguramente se hicieron los de la vista gorda, fue que esa falta de planeación y ese mecanismo de solucionar el problema de las aguas negras y lluvias fue el peor error que se le hizo a la ciudad. Los barrios se llenaron de redes caseras pero nunca se pensó en grandes colectores para que años después no se presentara lo que ahora conocemos.

Pero lo que uno como habitante de esta ciudad piensa es que aquellos que hicieron el daño ya no viven aquí. Gobernaron en sus respectivos periodos, se lucraron del presupuesto del municipio, pagaron favores, dejaron el problema y ahora desde la distancia observan con cinismo las barbaridades que hicieron.

Otra entidad que entra al juego es la Car. Buena parte del presupuesto del municipio se va para sus cuentas sin que ese dinero se vea reflejado en el cuidado ambiental de ríos, lagunas y humedales. El río Soacha, por ejemplo, está a merced de muchas familias que invadieron su ronda, arrojan las aguas residuales a su cauce y botan cuanta basura se genere a su cauce, sin que esta entidad se inmute. Bueno sería que los habitantes del municipio se preocupen por averiguar cuánta plata del presupuesto municipal se destina anualmente a la Car y evaluar qué tanto hace esta entidad por proteger el medio ambiente en la región.

Ahora: La idea de este editorial no es quedarnos en tirarle la pelota a las anteriores administraciones porque la actual también tiene un alto grado de responsabilidad, sin decir que no está haciendo nada. Me consta, y lo digo con conocimiento de causa, que desde la Secretaría de Infraestructura con el apoyo de la Empresa de Acueducto de Bogotá, se está diseñando un gigantesco plan para que las familias de Soacha no se vuelvan a enfrentar a semejante tragedia. Es claro que los colectores que tanto cacarearon administraciones anteriores, inluso las departamentales, ahora se están construyendo; gigantescos “Box Culvert” que en castellano no son mas que autopistas subterráneas en concreto para transportas las aguas negras y lluvias, se están realizando en las comunas tres, cuatro y parte de la cinco para evitar los represamientos de agua y, por su puesto, las inundaciones.

Ustedes dirán que me estoy dedicando a echarle flores a la actual administración y no es así, porque considero que también tiene parte de culpa. Traigo a la memoria las cerca de 90 mil viviendas que se van a construir en Soacha y me pregunto: Será que los pobres, o como dirían en mi tierra, los “vaciados” de este país querrán venir a vivir a este municipio después de ver tanta pobreza, miseria y olvido?. Después de ver una realidad que se quiere esconder a través de propagandas bonitas y llamativas, especialmente de los cinco o seis proyectos de vivienda que se piensan hacer?.

Menciono la vivienda porque, desde mi óptica, pienso que se debería priorizar el presupuesto. La prioridad es canalizar el río Soacha, es reubicar familias que viven en zonas de alto riesgo, es construir el colector Cazuca, solucionar el rebosamiento constante del río Claro y canal Tibanica, es exigirle a la Car que cumpla, a los urbanizadores que hagan las cosas bien y condicionar las licencias de construcción. Y me atrevería a ir más allá. Por qué no pensar en limitar el acceso de más habitantes a este municipio que ya no lo aguanta todo?. Por qué no pensar primero en solucionar los problemas existentes antes de inundar de más gente la ciudad?.

Es cierto que este gobierno ha proyectado obras macro como Transmilenio, el Soacha, Cable, las ciudadelas educativas, los polideportivos, los “Box Culvert”, en fin, pero miremos también que seguramente en tres, cuatro o cinco años, cuando lleguen casi 500 mil personas más, las cosas se van a complicar de nuevo y talvez esas obras queden de nuevo pequeñas para tanta población. Qué bueno hacer esas obras, pero se debería pensar en parar el acceso de más gente a nuestra ciudad.

Finalizo haciendo alusión al cubrimiento mediático de la tragedia de la semana pasada a raíz del invierno. Qué tristeza que RCN, Caracol, el Tiempo, El Espectador… hagan semejante cubrimiento sólo para generar noticias amarillistas y en algunos casos mal intencionadas. Nos siguen mirando con lente de lástima y foco llamativo para generar información. Por qué no hacen lo mismo para hablar de la ciclo vía, de los piqueteaderos y toda la variedad gastronómica, de los cultivos de fresas en la Hungría y San Jorge, de los nuevos centros comerciales, de la banda municipal, de los grupos de danzas, de Eugenio Díaz Castro, de nuestra gente linda y amable y de muchas otras cosas bellas que ustedes y yo sabemos, pero que quizá a los medios de comunicación nacional no les interesa saber. No hay que dar “papaya” para que le muestren al país y al mundo sólo lo malo; solucionemos el problema de las inundaciones para que muchos periodistas se queden con sus botas guardadas y los camarógrafos sin barro, lodo y caras de lamento para grabar.