El Municipio de Soacha para muchos, de Suacha para otros pocos (entre los cuales me incluyo) atraviesa por una profunda crisis generada por diversos factores o fenómenos que tienen sus orígenes desde hace varios años, muchos de los que habitamos este municipio los hemos afrontado o por lo menos hemos sido testigos de estos.


Día a día debemos enfrentarnos con el conductor que no sabe como aprisionar a los pasajeros en el bus con tal de recaudar más dinero, con el trancón matutino a Bogotá para llegar a nuestros lugares de trabajo, siendo objeto de la mirada desdeñosa de nuestros jefes por nuestro retardo, otros que prefieren afrontar el sobrecosto de un segundo o inclusive un tercer pasaje para agilizar su llegada al punto de destino, acortando de esta manera sus recursos.

En Suacha la falta de humanidad de algunos funcionarios o de negligencia al tomar decisiones decisivas ha ocasionado la perdida de varias vidas, muchos sabemos a qué me estoy refiriendo. ¿Por qué inocentes deben pagar el precio de las malas decisiones de nuestros administrativos? ¿Por qué debieron pagar con su vida? ¿Es tan difícil adecuar nuestros espacios, organizarlos mejor para que este tipo de situaciones no se sigan presentando? Mientras tanto, la deshumanización está a la orden del día aquí, desde nuestros burócratas funcionarios públicos hasta el señor conductor que nos lleva a la capital, amontonando a la gente como sardinas enlatadas, dentro de sus colectivos (entendiendo claro está que estos también deben trabajar para el sustento de sus hogares).

En ese sentido nosotros como habitantes de este municipio no somos tratados como seres humanos, es indignante tener que ser testigo de muchos aspectos negativos como los de la inseguridad y la movilidad, que a mi juicio se han convertido en el calvario de los que aquí vivimos: ¿Por qué no podemos llegar tranquilamente a nuestros hogares en la noche, después de una dura jornada de trabajo sin el temor de ser asaltados? ¿Por qué en nuestra Suacha existe tanta desigualdad social que obliga a estos sujetos a cometer estos actos? La falta de voluntad política y la ausencia de humanidad está haciendo de nuestro territorio uno insostenible, la crisis se agudiza cada vez y los que deberían hacer algo no lo hacen; aquí tiene mayor relevancia ceder nuestro territorio a la construcción de proyectos urbanísticos y a la concesión de terrenos para la explotación minera en detrimento de nuestros recursos naturales, de nuestro patrimonio arqueológico y peor aún de la misma población.

Miguel Cane, diplomático argentino que visitó el salto del Tequendama en 1882 y escritor de una obra llamada “En viaje”, en la cual en uno de sus capítulos registra las vicisitudes de su viaje a la gran caída de agua, relataba que Suacha no pasaba de ser una TRISTE ALDEA de calles muertas y en la cual habían alrededor de 2500 habitantes; pienso que ahora con la situación actual de nuestro municipio este si se identifica con ese pesaroso rótulo con que aquel escritor se refiriera a este pueblo, somos una triste aldea agobiada por varios fenómenos que tienen su base en malas decisiones. Suacha ya no tiene 2500 habitantes como lo describieron hace mas de 100 años, ahora tiene algo más de 500 mil siendo muy conservador con esta cifra, y cada una de estas personas tenemos que sobrevivir con las penurias impuestas por nuestros dirigentes, bien sea de este gobierno o del anterior, o de los que pasaron hace varias décadas, el poder ejercido por la capital también es responsable del panorama de nuestra Suacha, así como el ejercido por el estado colombiano en nuestro territorio, por lo tanto varias de nuestras problemáticas tienen su principio en complejas relaciones que se salen de la escala de nuestra municipalidad, y que corresponden a orígenes sociales e históricos de nivel nacional.

En fin el futuro de nuestro territorio no pinta muy bien y parece que la respuesta más usual a las problemáticas que nos agobian son el silencio, la negligencia y la desidia, por lo que me pregunto ¿estaremos condenados a seguir siendo la triste aldea? Pensaría que no, pero debemos plantear respuestas que atiendan a las necesidades inmediatas de nuestra comunidad, muchos ya estamos pensando que como población debemos unirnos, organizarnos y reflexionar acerca de nuestra situación; de pronto si como pobladores somos propositivos generando respuestas y si estas en verdad son escuchadas por nuestros mandatarios, tan solo así podríamos crear un salvavidas que nos saque de esta honda crisis; es decir la invitación es pensarnos a Suacha verdaderamente y construir procesos como propuestas alternativas para dejar de ser la “triste aldea”.