Contrario a lo que podría pensarse, cuando ocurren crisis económicas y aumenta el desempleo, la salud física se beneficia más.


Una investigación estadística analiza el fenómeno durante las bonanzas cafeteras en Colombia, a partir de relaciones como ingreso y mortalidad infantil.

Durante las bonanzas cafeteras que alimentaron la economía colombiana y los bolsillos de los caficultores entre 1975 y 1986, se presentó una cruda realidad: incrementó el índice de mortalidad de niños que nacieron en las regiones donde se cosecha el grano, principal producto de exportación del país. Esta situación pone en evidencia que la estabilidad financiera no siempre garantiza un mejor estilo de vida, por el contrario, durante momentos difíciles de capital surgen mayores expectativas de supervivencia.

Christopher Ruhm, economista de la Universidad de Carolina del Norte, en Estados Unidos, sostiene que la riqueza puede deteriorar la salud y aumentar el índice de mortalidad en la población, pues fomenta comportamientos y hábitos perjudiciales para el ser humano. Por ejemplo, la comodidad desestimula la actividad física e incrementa el consumo de alimentos prefabricados ricos en calorías, pero bajos en fibra, con lo cual se generan más casos de cáncer intestinal y otras enfermedades crónicas. Adicionalmente, la riqueza puede inducir consumos inadecuados y peligrosos de alcohol, tabaco y sustancias estimulantes.

Esta contradicción se denomina mortalidad procíclica, es decir, que en economías desarrolladas el auge financiero incrementa los casos de muertes, mientras que en los países en vías de desarrollo algunos estudios señalan que es anticíclica debido a que la riqueza disminuye los casos de mortalidad. Investigadores como Ruhm consideran que esta situación se debe a que los países en desarrollo cuentan con restricciones de crédito y otras condiciones del mercado que conducen a un menor consumo, por eso, cuando la economía decae no es tan evidente esta problemática.

Los expertos determinaron que, con la migración de los recolectores que van en busca de la cosecha de café y se asientan en la zona para desarrollar su actividad productiva, los hombres abandonan temporalmente sus hogares con miras a mejorar sus recursos, y de igual manera lo hacen las mujeres para proporcionarles alimentos, bebidas hidratantes y atender a los recolectores.

Estos comportamientos redundan en un mejor ingreso económico para la familia, pero el costo que deben pagar es la desestabilización transitoria de la armonía familiar y las buenas prácticas de higiene y salud. Por esta razón, en épocas de recolección se exacerban, particularmente en los niños, las diarreas, las enfermedades respiratorias agudas, algunas inmunoprevenibles o aquellas producidas por vectores.

El valor del tiempo

El tiempo es un insumo esencial para la salud humana. Por eso, cuando se dedican más horas a trabajar y menos a descansar, hacer deporte o en general a cuidarse, inevitablemente la salud decae.

El estudio elaborado por Urdinola y Miller en las zonas cafeteras sostiene que la supervivencia infantil en estas regiones depende directamente de las fluctuaciones de los precios mundiales del café y estos a su vez determinan el tiempo que los padres dedican al cuidado de sus hijos. Cuando hay alzas en los precios internacionales del grano se incrementa la demanda de trabajadores y el pago por producción, dinámica que los recolectores aprovechan relegando el cuidado de los recién nacidos y los adecuados hábitos de higiene y salud. Por el contrario, cuando los precios del café caen abruptamente la gente trabaja menos y está más pendiente del bienestar de sus familias.

“Nuestros resultados se relacionan directamente con el debate sobre la relación entre la riqueza y la salud. Aunque la riqueza es importante, consideramos que el tiempo y el espacio de igual manera son factores determinantes en la mortalidad”, agrega Urdinola.

La supervivencia también depende de la asistencia adecuada de salud primaria y preventiva. Dicho servicio puede ser económico o gratis en Colombia, pero como no está disponible en todos los rincones del país, para acceder a él muchas familias de escasos recursos deben movilizarse hasta zonas lejanas a su entorno. En la medida en que las comunidades desarrollan hábitos y conductas de promoción y prevención, brindan atención de impacto ante la fatalidad económica.

Históricamente, los grupos sociales cambian conductas de consumo y adoptan hábitos salubres; sin embargo, los momentos económicos de crisis con empobrecimiento dan lugar, en sociedades en desarrollo y en un ambiente tropical como el de Colombia, al descuido de acciones en salud.

Fuente: Periódico Unal