Cuando una persona no duerme lo suficiente los centros emocionales del cerebro reaccionan excesivamente a las experiencias negativas. La población joven es la más afectada por el síndrome de fase retrasada de sueño.


El estudio, dirigido por Matthew Walker del Laboratorio de Sueño y Neuroimagen en la Universidad de California (Berkeley), proporciona las pruebas del vínculo neural entre la pérdida o privación del sueño y los trastornos psiquiátricos.

Lo más importante de este estudio es que demuestra los peligros de no dormir lo suficiente. Walker indicó que la privación del sueño fractura los mecanismos que regulan aspectos clave de nuestra salud mental.

«El punto básico es que el sueño no es un lujo que podemos elegir cuando nos gusta. Es una necesidad biológica y sin él hay un límite hasta dónde puede estirarse la cuerda antes de que se rompa, con consecuencias cognitivas y emocionales» agregó.

Lo malo es que el sueño se afecta y, en un caso extremo, el ciclo llega a alterarse tanto, que se siente necesidad de dormir de día y vivir de noche. Ah, y las bebidas energéticas que se utilizan para mantener los ojos bien abiertos pueden acarrear trastornos cardíacos, comentó el doctor Reyes Haro Valencia, director de la Clínica de Trastornos del Sueño de la UNAM.

Reyes agrega que los hábitos del sueño entre los jóvenes de hoy han cambiado mucho y eso los lleva a padecer el síndrome de fase retrasada del sueño (pues se van a la cama después del tiempo en que solían hacerlo tiempo atrás). Al acortar las horas dedicadas al descanso, durante el día tienen sueño y esto genera serios problemas en su desempeño y calidad de vida.

El sueño se divide en fases, en la primera la persona se despierta con facilidad, y avanza hasta la fase cuatro en la que duerme profundamente y no logra despertar de inmediato.
Es en esta fase precisamente cuando la presión arterial y la frecuencia cardiaca y respiratoria, así como el tono muscular, están disminuidos al máximo.

Desde que nacemos, requerimos de una cantidad diaria de horas de sueño para recobrar energías y establecer un buen desarrollo.

Riesgos

Algunas personas tratan de compensar en el día las horas que no durmieron de noche, pero el sueño diurno no cumple las funciones restauradoras del nocturno.

Nuestro ciclo de sueño está determinado por la oscuridad, cuando se activan los inductores del sueño. En cambio, con la luz del día se desencadenan los mecanismos fisiológicos del despertar.

Cuando no se duerme bien, se acarrean diversas enfermedades y malestares, nos alerta el doctor Haro Valencia: se agudiza la diabetes y la hipertensión arterial, hay serios problemas en el desempeño diario y la persona se vuelve lenta.

Para contrarrestar los malos hábitos del sueño, sólo hace falta disciplina.

Una de las opciones para volver a adquirir un estilo de vida saludable para el descanso, es comenzar a retrasar media hora diaria, el momento de ir a la cama y recuperar el ritmo normal de sueño, que sería de ocho horas mínimo.
Hay que dormir cuando la naturaleza lo ordena, porque de ello depende una serie de procesos que benefician al cuerpo.

Por ejemplo, la producción de melatonina, que forma parte del sistema de señales que regulan el ciclo circadiano (esto es, las expresiones fisiológicas del organismo que ocurren en un lapso de unas 24 horas), es estimulada por la oscuridad e inhibida por la luz.

La melatonina, que es un resincronizador de los ritmos cicardianos (o, si se quiere, del reloj biológico), también contribuye al mayor realismo y frecuencia en los sueños.