Uno de los elementos que llama la atención en las páginas web informativas del mundo es el hecho de que los ciudadanos se puedan expresar libremente desde el mismo lugar donde se accede al sitio. Sin embargo hay otros factores, como la falta de cultura y respeto, y la incapacidad de los lectores de identificarse con su nombre, que han impactado negativamente en los resultados generosos de las herramientas interactivas.


La mala utilización del lenguaje en los comentarios, la agresión verbal, la ofensa, la falta de respeto y la grosería se han vuelto costumbre en las letras cotidianas de algunos “desadaptados” que les quedó grande hacerse escuchar sin atropellar a los demás. Y es este grupo minoritario el que utiliza seudónimos para escribir sus comentarios porque no tienen el carácter ni la madurez propia de las personas cultas y sinceras, que estoy seguro, son la mayoría.

Las agresiones en los comentarios de las noticias se encuentran en medios como el Espectador, el Tiempo, Semana, Caracol… y hasta en Periodismo Público. Claro, muchos dirían que en Soacha es normal que la gente ofenda y abuse con el vocabulario, simplemente por el bajo nivel cultural e intelectual en muchos sectores del municipio, pero me parece que ese no es el fondo del problema porque estoy seguro que hay gente capacitada académicamente que se esconde detrás de un cargo para agredir.

Me atrevería a decir más bien que en Soacha se ha vuelto costumbre agredir al otro, jugar sucio y denigrar de aquel ‘que no me cae bien, por hechos tan simples como pertenecer a otro grupo político o no pensar a imagen y semejanza mía, o ser amigo del alcalde, de los Ramírez o quizá por el afortunado hecho de prepararse, capacitarse y salir adelante’. Y esto se corrobora no solo con algunos comentarios que se han venido haciendo en www.periodismopublico.com, sino con hechos lamentables y vergonzosos como los “panfletos” sacados recientemente en contra de los concejales de la oposición. Claro que si hacemos un poco de memoria, recordemos que cada vez que hay intereses polítiqueros y se avecina una campaña electoral, pasa algo similar: amenazas, panfletos por debajo de las puertas, agresiones anónimas por medios y hasta demandas en Fiscalía y Procuraduría.

Que tristeza que en pleno siglo XXI se utilicen mecanismos tan bajos y dañinos. Que lamentable que muchos de nuestros líderes sigan jugando a lo que han aprendido de sus “jefes políticos”, y que triste que no se madure y se innove.

Muchas veces me he hecho la misma pregunta y la he compartido con ciertos amigos: ¿Algún ser humano de la tierra podrá liderar un proceso político en Soacha, ganar la alcaldía y gobernar libremente sin que enfrente críticas bajas, demandas y presiones de los demás grupos políticos?. Pues si la respuesta es sí, la verdad quisiera conocerlo.

Y hablo de la alcaldía por ser el cargo de más alto rango en Soacha, porque la misma pregunta cabría-aunque en menor proporción-para los concejales, los secretarios de despacho y seguramente para el personero municipal. Pareciera que la clase política de esta municipalidad (entendida como el todo: jefes, subalternos, líderes y seguidores) está tan contaminada que ya es “normal” observar cualquier clase de agresión.

Qué bueno sería que la sociedad soachuna esté conformada por ciudadanos activos, participativos y propositivos. Personas con valores, capaces de reconocer los errores en sí mismos y exaltar las virtudes del otro, habitantes inquietos por el progreso y desarrollo de sus sectores, preocupados por la buena utilización de los dineros públicos, persistentes a la hora de gestionar obras y proyectos para los barrios, pero ante todo, seres humanos (hombres y mujeres) cultos, respetuosos y sinceros, con el suficiente coraje para expresarse y decir las cosas de frente, sin rodeos y con argumentos.

Si en Soacha se cambia la grosería, el abuso, la agresión, el irrespeto y la ‘mala fe’, si los ciudadanos somos capaces de entender que los problemas se resuelven con inteligencia, sensatez, argumentos y sabiduría, si utilizamos los medios de comunicación como mecanismo para expresarnos, para denunciar sanamente y para aportar al desarrollo de la ciudad, seguramente podemos comenzar a hablar de cambio, porque las transformaciones comienzan por el ciudadano de a pie, por la base, por el soporte mismo de la sociedad.

No pretendamos imponer un cambio individual y egoísta, respetemos al otro y permitamos que se gobierne, teniendo en cuenta que hay deberes y derechos, y que en la medida que nos capacitemos, nos preparemos y conozcamos la Constitución y las leyes, así mismo podemos convertirnos en ciudadanos proactivos y capaces de exigir que se gobierne con transparencia, honestidad y eficacia.

Bajemos la guardia y desarmemos el corazón; en vez de agredir y atropellar, demostremos que somos capaces de protagonizar el comienzo de un gran cambio que, sin duda, transformará la historia del municipio.