Así lo evidencia un estudio que midió las acciones cooperativas y altruistas, y las creencias de los ciudadanos en la capital colombiana, en el que participaron 223 personas de distintas zonas de Bogotá.

“Aquellos que recordaron un evento traumático relacionado con violencia o tuvieron ‘choque negativo de activos’ presentaron una respuesta positiva en la cooperación comparado a quienes no fueron víctimas de estos flagelos”, explica el investigador Camilo Gómez, magíster en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien no encontró evidencia de un sesgo intragrupo a nivel de localidad con respecto a la cooperación.

Las tres localidades que recibieron niveles más altos de cooperación promedio fueron Rafael Uribe Uribe (50,67 %), Tunjuelito (50,67 %) y Barrios Unidos (50,22 %), mientras que Usme (44,39 %), San Cristóbal (43,94 %) y Fontibón (43,49 %) obtuvieron niveles más bajos.

Para entender el comportamiento de estos individuos, entre 18 y 30 años de edad, se realizó un experimento de campo artefactual en el que se estudiaron de manera separada y conjunta las dimensiones del trauma y del choque económico negativo.

Para “manipular” el trauma se utilizó una metodología de priming para inducir un recuerdo de violencia urbana. Este método radica en exponer a un individuo a un estímulo generando una reacción inconsciente y sin intención a ese estímulo. De esta manera, usar el recuerdo es lo más parecido a inducir un estado emocional similar al que se experimenta cuando se está expuesto a violencia.

Por otra parte, en el experimento, el choque económico negativo se definió como un “choque negativo de activos” sobre la dotación inicial de los participantes. Como tarea principal, estos jugaron el juego del “dilema del prisionero”, que les permitió tener una medida de acciones cooperativas.

A partir de estas y otras actividades, el investigador identificó cómo cambiaba el comportamiento de las personas cuando interactuaban con personas de distintas localidades.

“Ante un recuerdo de violencia o un choque negativo se tiene un impacto positivo sobre la cooperación, diferente si se compara con la situación en la que no se tienen el recuerdo ni el choque”, comenta y agrega que se observa la misma tendencia de mayor cooperación cuando el recuerdo de violencia urbana y el choque negativo se implementan simultáneamente.

También se observó que los participantes no favorecen a las personas de su mismo grupo social, en este caso de su localidad. Por consiguiente, “estos resultados invitan a considerar que lo que guía el comportamiento prosocial en los expuestos a violencia no son los sentimientos de pertenencia a un grupo amenazado, el cual siempre está presente en una guerra, sino que parecen ser otros elementos los que guían los efectos de la violencia”, indica el investigador.

Por último, la literatura ha estudiado el cambio en el comportamiento de las víctimas de violencia en contexto de crimen y en contexto de guerra como fenómenos diferentes. Esta investigación apunta a que hay un nexo generalizado por lo menos por lo que concierne al comportamiento prosocial.

Este fue el caso de las víctimas de la toma armada de la guerrilla de las FARC en Granada (Antioquia) en 2001. Los habitantes, quienes habían observado muertes de policías y civiles, y a quienes les habían destruido cerca de 250 viviendas, decidieron unirse en acción colectiva con el objetivo de reconstruir el municipio.

En ese sentido, el investigador indica que querer ayudar a los demás después de estar expuesto a la violencia de la guerra no es un fenómeno exclusivo de los habitantes de Granada; de hecho es un patrón generalizado que se ha observado en diversos conflictos armados del mundo.

Fuente: Unimedios Universidad Nacional