Y ahora… hasta nos quieren

En ‘El país’, el primer periódico español, con fecha 2 de diciembre del presente año, en su página 2 y en la columna de don Manuel Jabois, denominada “Mirador” curiosamente la encontré con el título Vallenato que, para iniciar, me causó una gran sorpresa, por lo que pensé enviarla a mi tierra por su contenido, que es el siguiente:


“A los 86 años Emiliano Zuleta Baquero conoció el aburrimiento. Así empieza una crónica monumental, el testimonio del viejo Mile, de Alberto Salcedo Ramos. Zuleta relata un encuentro histórico, el que tuvo con Lorenzo Morales en Urumita, La Guajira (Colombia), cuando se enfrentaron los dos, uno más borracho que el otro, en un duelo de acordeonista lleno de sabotajes que no terminó cuando Morales se fue del pueblo, sino cuando Zuleta escribió: “Te fuiste de mañanita / sería de la misma rabia”, versos a los que siguieron los primeros de la canción: “Acordate Moralito de aquel día / que estuviste en Urumita/ y no quisiste hacer parranda”

Era 1938 y Zuleta había escrito el vallenato más famoso, ‘La gota fría’. En Medellín le pregunté a Salcedo Ramos dónde escuchar vallenatos. “El vallenato es como los dinosaurios” respondió;” fue grande en el pasado y hoy no existe”. No hablábamos de música, sino de periodismo: el vallenato era la primera noticia de todas. Un juglar subido a un burro a quien paran y ordenan: “Pedro está enfermo”, y el hombre incorpora el va enfermo”, y el hombre incorpora el verso para llevar la nueva. Rafael Escalona decía que el vallenato es como un bostezo: se transmite de boca en boca. Salcedo Ramos dice que eso demostraba que estaba vivo, porque se aprendía de los demás: las canciones de la radio no son vallenatos porque nacen muertas.

Aquel periodismo era el que tenían entonces los habitantes de los pueblos. Al de Salcedo, Arenal (“un pueblo tan caliente que al medio día el diablo se desnuda y se mete a la tienda a comprar hielo”) llegaba el periódico al anochecer tras viajar en avión y carreta. Los vecinos tenían en los juglares y los vallenatos los boletines frescos y modernos de la actualidad. Era por ellos, como las campanas de nuestra iglesia, por los que se enteraban de los muertos: por una canción.

Lo que más le impactó a Salcedo del primer muerto que vio es que no podría volver a bailar. Con los años terminó relacionándolo con el griterío del Caribe: el que baja la voz es sospechoso. Entonces, la Unesco nombró el Vallenato como patrimonio de la Humanidad, y con él una copla esencial: “Este es el amor amor /el amor que me divierte/ cuando estoy en la parranda/ no me acuerdo de la muerte”. Cantan para olvidar la muerte, pero le cantan a ella. Se acaba reconociendo con el mismo sudor frío con el que se reconoció Emiliano Zuleta a los doce años el día que creyó tener un amiguito mal vestido y mal peinado que repetía todo lo que él hacía; cuando enfadado fue a pegarle descubrió que era un espejo: el primero que veía en su vida. Hasta los 86 no se aburrió nunca.”

Bella historia, queridos amigos y habitantes de mi tierra soachuna, que nos la ha hecho recordar o conocer don Manuel Jabois en su columna del primer periódico español que señalamos arriba. Pero ahí no termina todo, porque, en el mismo diario y en la Sección Cultura, S. Palomino y A. Marcos en nota enviada desde Bogotá, para el mismo periódico, y con el título “El vallenato, patrimonio inmaterial de la humanidad para la Unesco, expresan:

“Diomedes Díaz el rey vallenato, el cacique de la Junta, el hombre que vivió de eterna parranda dejó un legado de 10.000 años de enseñanza a través de un género musical que decía: era el sentir del pueblo. Dos años después de su muerte, la Unesco reconoció ayer que ese género musical originario de la costa caribeña de Colombia es patrimonio histórico inmaterial de la humanidad. El propio presidente de Colombia Juan Manuel Santos, celebró la decisión señalando que “Es una acción para preservarlo para siempre………”El tributo de Gabo». Cien años de Soledad es un vallenato de 350 páginas, aseguró Gabriel García Márquez quien celebró el Nobel de Literatura el 1982 poniendo a bailar a los suecos los ritmos de la tierra. Una parranda a pocos grados de temperatura similar a la que organizaba Aureliano Segundo en las páginas de su novela. Y en este tipo de celebración el que la Unesco llama a preservar. “Surgieron como una manifestación cultural de las clases menos favorecidas……..Una de las reglas básicas de la parranda es que circule licor y comida entre los asistentes. No se puede bailar, insiste Gómez Orozco. Se ve como una falta de respeto hacia el cantante y los músicos.

En estas celebraciones se escucharon por primera vez los cantos de Rafael Escalona uno de los grandes juglares del vallenato antes de que les dieron la posibilidad de entrar en un estudio de grabación.”

Hasta aquí, un tanto reducidos, los textos de las notas de los autores citados atrás,
en homenaje al Vallenato y, naturalmente, al hecho importantísimo que significa el que la Unesco lo haya declarado Patrimonio de la Humanidad. Además. Para agradecer las noticias sobre el particular aparecidas en el periódico anotado, el más importante de España, y a la gentileza de sus autores que se deben conocer en mi tierra, a través de este periódico, también internacional.

Joseignaciogalarza@yahoo.es

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