Se especializan en pensamiento ancestral de las comunidades indígenas y son uno de los primeros modelos de educación inicial diferencial para la primera infancia indígena en el ámbito urbano en Latinoamérica.


Garantizando el derecho a la educación, nutrición, cuidado calificado y asegurando la preservación y fortalecimiento de la cultura indígena, la Secretaría Distrital de Integración Social entregó cuatro nuevos jardines infantiles especializados en pensamiento ancestral de las comunidades indígenas.

Las grandes urbes como Bogotá acogen no sólo miles de personas, sino gran diversidad de pensamientos y culturas, por ello el componente intercultural, especialmente en la educación, es una gran apuesta que se ha venido construyendo con los pueblos indígenas, la sociedad capitalina y la administración distrital y que cada día se consolida como una propuesta de respeto y reconocimiento por la diversidad.

El fomento de estas iniciativas surgieron en las malokas y encuentros de saberes que orientaron los Mamos de la Sierra Nevada de Santa Marta, los taitas misak, los sabios del Amazonas y algunos abuelos muiscas en sus círculos de la palabra. En el panel realizado sobre el tema: La Educación Inicial Construcción Conjunta con los Pueblos Indígenas del Distrito Capital, los pueblos indígenas dejaron claro que los procesos de formación para sus niños y niñas son prácticos, basados en los principios y en una visión más amplia de todo lo ancestral.

Los diferentes grupos étnicos conforman cuatro pueblos originarios: Arhuacos, Kogui, Wiwa y Kankuamos, y son pueblos que mantienen un vínculo sagrado con el territorio y los pueblos de Bakatá. Algunos profesionales indígenas aseguran que el espacio vital de formación para los pueblos y niños y niñas indígenas es la Madre Tierra; sin embargo, la coordinadora del Uba Rhua (Espíritu de la Semilla) Jardín Muisca de Bosa, expresó que estos procesos de formación nacen desde el ser humano y enseñan la reconciliación vital con la Madre Tierra, a trabajar en grupo y a compartir el alimento; constituyendo el espacio de los jardines infantiles en una ocasión para recuperar la memoria de un pueblo, como el Muisca que durante mucho tiempo fue invisibilizado.

Con muchas expectativas surgen estos nuevos centros educativos que permitirán a la primera infancia indígena el aprendizaje, la recuperación y la preservación de su cultura desde las prácticas propias y ancestrales de su comunidad.

Los jardines infantiles indígenas atenderán a 450 niños y niñas de Bogotá, pertenecientes a estos pueblos, representado una inversión anual de más de $2.800 millones de pesos, consolidando de esta manera a Bogotá como una ciudad multicultural y de derechos.

Por su parte Emily Quevedo, coordinadora del proceso por parte de la Secretaría de Integración, manifestó que trabajar con los pueblos indígenas es un universo, un viaje hacia dentro. Planteó que la ciudad de derechos es la que debe fortalecerse y en esa dirección se deben construir los cimientos de la interculturalidad para mirar cuál es la ciudad que se quiere.

Este proceso construido con los pueblos indígenas cuenta hoy con siete jardines indígenas: Wawita Kunapa Wasi (Casa de niños) del Pueblo Inga; Uba Rhua (Espíritu de la Semilla), Muisca de Bosa; Makade Tinikana (Caminar Caminado) del Pueblo Huitoto; Kÿhÿsa Aguazgua (Valle de Niños) y Gue Atÿqíb (Casa de Pensamiento), los dos del Pueblo Muisca de Suba; además del Semillas Ambiká Pijao, en Usme y Wawakunapak Yachahuna Wasi (Casa de enseñanza para niños) del Pueblo Kichwa. Estos espacios, ofrecen un servicio de atención integral y diferencial a los niños y niñas, desde procesos educativos que ponen en diálogo el saber ancestral con la educación de occidente y plantea caminos para construir conocimiento.

De esta forma los usos, costumbres y pensamiento de los pueblos indígenas están presentes en la educación, a través de la enseñanza de la agricultura, el tejido, la cerámica, la orfebrería, la música, la danza, la medicina tradicional y la lengua, entre otros saberes y artes.

Se espera que los jardines infantiles indígenas sean un espacio para garantizar la atención integral de los niños y niñas de las comunidades y para la promoción de la cultura de cada pueblo desde la presencia de sabedores, guías espirituales de cada comunidad, así como de los profesionales de la educación infantil que pertenecen a la comunidad y que asumen el liderazgo de la formación de los niños y las niñas. Este ejercicio permite que la ciudad empiece la construcción de modelos educativos interculturales.

Para este proceso ha sido fundamental la participación activa de autoridades políticas y tradicionales de cada una de las comunidades, quienes desde los círculos de palabras, conversatorios, talleres y pagamentos garantizan que la propuesta de jardines infantiles indígenas responda a lo concertado y construido colectivamente, convirtiendo esta acción afirmativa en uno de los primeros modelos de educación inicial diferencial para la primera infancia indígena en el ámbito urbano en Latinoamérica.

Tomado de: www.mineducacion.gov.co/cvn/1665/w3-article-248022.html