De las 3.800 toneladas de algodón producidas, sólo se han podido vender 1.200, apenas el 47%. Ello se debe a que las empresas que comercializan algodón prefieren comprar el producto importado en lugar de la producción nacional. Según el senador Robledo, los agricultores colombianos no pueden competir con los enormes subsidios con los que los países desarrollados respaldan a sus productores, situación que será peor con los tratados de libre comercio.


El sector algodonero ha sido una de las principales víctimas del libre comercio. En 1990 en Colombia se producían 420 mil toneladas de algodón. Después de la apertura económica, la producción cayó a 100 mil toneladas. Las importaciones, en cambio, pasaron de 561 toneladas anuales en 1991 a 70.000 en 2010.

El congresista señaló que la situación de los algodoneros es otra prueba de que el agro colombiano está condenado por las políticas de libre comercio, que privilegian la producción extranjera en lugar de proteger a los productores y trabajadores colombianos.

El algodón enfrenta problemas de comercialización en la Costa

Después de tanta lucha para que se reactivara el algodón en la Costa, ahora que el cultivo se ha masificado enfrenta graves problemas de comercialización y recolección en los departamentos de Sucre y el Cesar. En el primero, 2 mil 400 toneladas de la fibra están represadas porque no hay quien absorba la producción, en el segundo, 9 mil hectáreas apenas empiezan a recogerse ante la falta de recolectores.

En Sucre, la economía algodonera esta “desmotada” por la escasez de mercado de la cosecha en cinco municipios, lo que afecta a 600 familias que se dedican a ese cultivo. Según Johnny Ebrat, director seccional de la Federación Nacional de Cerealistas, Fenalce, que asocia a varios productores de algodón, dijo que de las 3 mil 800 toneladas que se han producido este año, solo han podido colocar en el mercado mil 200, que corresponden al 47% de la producción total.

La empresa Diagonal, la única que está comercializando algodón en la zona, adquirió mil 200 toneladas, pero anunció que no continuará comprando ese producto por los bajos costos que tiene en el mercado. Lo anterior debido a la importación de unas 70 mil toneladas que autorizó el Gobierno Nacional el año inmediatamente anterior, desde La India con precios por debajo del local, en consecuencia los productores de Sucre están “encartados” con la mota.

El caso más preocupante se presenta en el municipio de San Pedro donde se concentra el mayor número de pequeños productores que en los últimos cuatro años han vuelto a sembrar algodón tras la crisis que dejó ese producto en la década de los 80.

Los productores están proponiendo como salida para superar la situación que el Gobierno adquiera directamente lo que resta de la producción o que la empresa comercializadora lo reciba como respaldo para los créditos bancarios.

Sin embargo, la última propuesta no es viable puesto que el comprador no tiene las bodegas habilitadas para almacenar ese volumen y porque no hay la certeza de encontrar clientes en poco tiempo.

Según Manuel Arrieta, campesino productor de San Pedro, el Gobierno los motivó a cultivar algodón para lo cual fijo un precio de 5 millones 223 mil por tonelada; no obstante, señaló que “si no hay mercado nada estamos haciendo”.

Los pequeños productores de Chalán, Colosó, Ovejas y Los Palmitos, tienen la misma situación, pero lo peor es que están endeudados con los bancos y las empresas comercializadoras de productos agroquímicos.

Buscan Exportar

Jorge Eliécer Quintero, gerente de Agricaribe, firma integradora de la zona algodonera en el Cesar señaló que “estamos en plena recolección, la cual puede prolongarse por unos 60 días, tuvimos una dificultad por la falta de recolectores, pero ya han empezado a fluir”.

Aseguró que lo que está afectando a los productores es la falta de consumo nacional, dadas las importaciones que hizo Colombia para la industria textilera, lo que los obliga a tener como alternativa la apertura de mercados internacionales.

“Vamos a colocar la fibra que podamos en el mercado nacional y el resto se va a exportar a Venezuela y Centroamérica”. Agregó que la cosecha que se está sacando desde el Cesar no cuenta con financiación alguna por parte del Gobierno.

Así mismo, Quintero precisó que aunque se respeta el precio de sostenibilidad para la comercialización de esta cosecha, lo que se vislumbra con esta falta de mercado, es que bajen las siembras de este año, lo que significa un retroceso al repunte que alcanzó el algodón.

Según la presidenta de Conalgodón, Luz Amparo Fonseca, la cosecha en la Costa viene con un crecimiento del 30% y en momentos en que la industria nacional enfrenta inventarios altos y una demanda débil en el sector textil y de la confección.

Fonseca indicó que Conalgodón tiene negociado la mitad de la cosecha y esperar comercializar el resto en Centroamérica.

“El gremio adelantó una misión comercial a finales del año pasado a Centroamérica buscando mercados de exportación. Nos han hecho pedidos pero primero tenemos que enviar unos contenedores de prueba así que esperamos en la última semana de enero estar enviándolos para que comience los pedidos y podamos comercializar la totalidad de producción”, indicó la dirigente gremial.

En caso de que no se logre exportar, los algodoneros tendrán dos opciones: guardar parcialmente la cosecha con la ayuda del incentivo de almacenamiento que el gremio estará dispuesto a pedirle al Gobierno o vender la cosecha de manera masiva o al por mayor.

Inventarios altos

En Colombia existe una cosecha de algodón que es 30 % más grande frente a la producción del año anterior, a eso se suma la caída del precio y los inventarios altos sin capacidad de absorber la totalidad de la cosecha. “A pesar de que el Ministerio de Agricultura y el mismo gremio le hizo un llamado a los agricultores de no aumentar el área de producción, sabíamos que este problema se veía venir, pues siempre que hay buen precio en la cosecha anterior, los productores amplían las áreas con la ilusión errada de que en el semestre siguiente se van a mantener altos los precios, pero ocurre lo contrario, los precios caen y hay sobreproducción”, explicó Luz Amparo Fonseca. Al referirse al Cesar, sostuvo que la preocupación era porque no se habían prendido las desmontadoras, lo cual frena la recolección. “Ya están funcionando, actualmente tenemos una capacidad de recolección mecánica del 50% de la cosecha nacional, y en caso de que el Cesar necesite de más maquinaria, las del Tolima están disponibles”.

Por Miguel Barrios y Jaime Vides

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