La mayoría de los colombianos conciben el 20 de Julio como la fecha en que se conmemora la independencia de nuestra nación, aquella que partiera supuestamente de un pretexto bastante curioso, pero igualmente superficial como la del episodio del florero de Llorente (esto ocurrido el 20 de julio de 1810), anécdota que en la mayoría de las instituciones educativas se enseña como punto fundamental que serviría de gendarme para el proceso independentista que culminaría con la batalla de Boyacá acontecida nueve años después, y la posterior conformación de la Gran Colombia.


Sin embargo, el origen histórico de la rebelión criolla que forzó a la corona española a salir del territorio nuevogranadino va más allá de la típica explicación del florero de Llorente, posiblemente existan otros antecedentes de intentos revolucionarios antes de 1810 como por ejemplo la rebelión de Benkos Biohó en el siglo XVII y la conformación de comunidades de negros cimarrones en el sur de Bolívar denominadas como palenques, y que gozaban de relativa libertad de la dominación española, o la insurrección de los comuneros encabezada por José Antonio Galán en Santander en los últimos decenios del siglo XVIII. No obstante en los consabidos libros de editoriales reconocidas y que se usan para la enseñanza poco se referencian este tipo de precedentes.

Es así que desde esta perspectiva los indicios de una historia poco reflexiva se comienzan a entrever, una historia que fue contada a manera de gesta gloriosa por un grupo de idealistas que siempre han creído que nuestra república nació de forma épica. Aunque parece que se les olvidó mencionar que los patriarcas de la independencia como Bolívar y Santander tuvieron diferencias irreconciliables que fueron epicentro de una gran división de corte ideológico que para el año de 1830 harían que la gran Colombia dejara de serlo, para ver partir a las naciones de Venezuela y Ecuador y que de esta manera forjaran sus propios destinos.

Tampoco se menciona que la esclavitud se abolió totalmente hasta mediados del siglo XIX, es decir, casi cuarenta años más tarde del episodio del florero. Poco se hace referencia de las guerras civiles a nivel nacional por la disputa del poder del nuevo estado, primero entre los seguidores de Bolívar y Santander, después entre centralistas y federalistas que más tarde mutarían a liberales y conservadores. Con el cambio de siglo y la aparición del comunismo entonces la guerra ya no sería de carácter bipartidista sino de la derecha representada en los anteriores partidos contra los nacientes grupos guerrilleros de origen campesino y de pensamiento Marxista-leninista, u otros inspirados en la experiencia de las revoluciones cubana y china.

Entiendo que todo lo anterior lo menciono de manera bastante pragmática porque existieron otros problemas que no permitieron construir un ideal de sociedad y de república que se encaminara por una fuerte trayectoria democrática y que respondiera a nuestros orígenes históricos, porque lo que aquí se aplicó fue un prospecto de república basada en los modelos norteamericano y francés, bastantes alejados de la realidad que afrontaba el territorio nacional para ese tiempo.

Tal vez solo quiero decir con todo lo anteriormente esbozado que nuestra concepción de la historia nacional es bastante fragmentada, que la república que se inició a constituir hace un poco más de dos siglos no partió de un ideal incluyente que proyectara una verdadera unidad nacional, porque probablemente existieron dificultades para posibilitarlo en aquella época, pero que ahora con la llegada de la modernidad y con las supuestas ventajas que esta ofrece, tampoco se ha podido concretar una unión nacional en favor de un desarrollo más fuerte para nuestro pueblo.

El tema regionalista fue un factor decisivo que probablemente no posibilitó un desarrollo de una identidad nacional en la naciente república, pero en la actualidad se sigue viendo un regionalismo bastante anquilosado que procura mantener la brecha hegemónica de unas regiones respecto a las otras, por ejemplo buena parte de la Amazonía, la Orinoquía y el litoral Pacífico son lugares en donde la presencia del estado sigue siendo precaria, tal cual lo ha sido en la mayoría de estos 204 años de historia como nación.

Para concluir pienso que debe replantearse el modo de estudiar y analizar la historia en las instituciones educativas para dejar de creer en concepciones erróneas o románticas de la misma, y así ir planteando en los jóvenes nuevas preguntas que den luces a una forma diferente de concebir nuestro pasado, entonces en ese sentido se empezaría a entender que en realidad (y sin querer indisponer a los que creen en el ideal independentista) no se conmemoran 204 años de independencia sino lo que en verdad se celebra son 204 años del fracaso de la nación, tal como se titula el libro del historiador cartagenero Alfonso Múnera.