Para muchos no es claro qué es la integración, más sin embargo ante los acontecimientos de la reunión en Argentina, de la UNASUR unión de naciones suramericanas, todos y todas hablamos del tema, categorizándolo únicamente en las peleas gestadas entre Uribe, Chávez, y Correa; además de la posición de las y los mandatarios que estaban presentes, frente a estos nuevos populismos suramericanos; ¿Realmente en este tipo de análisis nos debemos concentrar, a la hora de definir los lineamientos en materia de políticas supranacionales?.


La dificultad suramericana referente al asunto de la integración, es que no sabemos qué es la integración y mucho menos qué pretensiones en común tenemos los países suramericanos, y hasta dónde queremos integrarnos como región.

Integración es la palabra que por estos tiempos se hace sonar con mayor frecuencia en los discursos políticos y económicos de la región suramericana, la necesidad de establecer lazos de integración regional que permitan a nuestras naciones tener un bloque fuerte para negociar con otras regiones; en especial las de grandes poderes políticos y económicos; sin embargo, y de acuerdo a la experiencia pasada de la reunión en Bariloche (Argentina) se hace necesario poder construir dicho bloque regional, no sólo en integrar las naciones en términos de Estado, sino también se hace necesario construir una integración en término de las sociedades que la integran; dejando los discursos nacionalistas mal intencionados que lo que hacen es agrietar las relaciones entre pueblos hermanos.

En otras palabras el discurso de integración no solo debe entenderse en términos de políticas administradas por el Estado, sino del encuentro entre ciudadanos de distintas naciones, podría proponerse como hipótesis el que la integración en nuestra región suramericana no sólo se puede generar desde el discurso de los gobernantes (que muchas veces solo se queda en discurso), se debe generar y con mayor fortaleza en términos de la asociación de sus sociedades, dicho de otra forma, la integración es posible cuando las sociedades de las naciones que hacen parte de tal acción son las que se entremezclan y no únicamente cuando los gobernantes la determinan.

Sur América no ha construido discursos teóricos ni referentes propios de reflexión frente a la integración , hay que caer en cuenta de una situación concreta, y es que integración se convierte en acción, es verbo, ya que de alguna forma no es solo lo que se encuentra en los tratados, son hechos en constante ejecución, que actúa de manera permanente, se debe entender como una acción siempre ocurrente, pero adicional a esto se debe entender también como una situación en la que el ciudadano común puede desplazarse libremente en los demás territorios que están dentro de la región de integración y juegan todos unas misma reglas .

Pero si se empieza a desmenuzar este concepto de manera más cuidadosa encontramos acá que no se trata de un ejercicio común y corriente de las relaciones internacionales, sino que la integración va más allá, indica dónde es el Estado responsable de llegar a acuerdos de hermandad regional, pero también se trata de ver cómo la sociedad civil se vincula al proceso integracional, de esta manera las sociedades serían las que impongan los tipos de acuerdos de integración a los que se quieren llegar, y los Estados serían sus garantes y firmantes; aunque lo veamos de manera utópica es una de las metas a las que hay que llegar en los procesos adelantado como el de la UNASUR, dejar de pensar la frontera como divisoria, sino antes bien como integradora.

Pero hasta ahora y con la experiencia de Bariloche se hace ver, que la actuación por cuenta de los Estados únicamente ha demostrado la incapacidad de éstos en poder consolidar un bloque, porque dentro de la región el manejo de los asuntos exteriores se han camuflado en los discursos nacionalistas; UNASUR puede llegar a ser una alternativa regional buena, en la medida de que se le dé el trato que se merece y no repitamos la experiencia de la CAN, comunidad andina de naciones, que tras cuatro décadas está más desquebrajada que unida, éste será otro tema de análisis.

El problema de nuestra región consiste en que hay una seria separación entre el papel del Estado y sus representantes, y el de la sociedad civil que no aparece para el mismo Estado como un elemento a tener en cuenta realmente, sino como parte de un discurso al cual referirse. Los nuevos populismos gestados en la región se han matizado en el discurso de izquierda o de derecha, actuando de manera similar; ya que exaltan el individualismo presidencial, y las políticas supranacionales no son acatadas, la idea de una región fuerte que económicamente de la pelea en el contexto mundial, para la disminución de las pobrezas e inequidades, y el aumento de legitimidad ante los pueblos, pero parece ser que todavía no estamos preparados para un proceso real de integración.